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martes, 6 de septiembre de 2011

¿Para qué queremos primarias?, por Eugenio Guzmán.

Eugenio Guzmán, Decano
Facultad de Gobierno-UDD


¿Para qué queremos primarias?,

por Eugenio Guzmán.


Hoy el Ejecutivo firmó y anunció el envío al Congreso del proyecto sobre Primarias para Elecciones Presidenciales, Parlamentarias y Municipales. No se trata del primero; ya en 1998 y posteriormente en 2009 se habían presentado otros que, o fueron desechados porque suponían materias de reforma constitucional, o, aun cuando están en debate (primer trámite constitucional en la Cámara) no tiene urgencia su discusión, que lleva más de dos años.


Históricamente las primarias se originaron a finales del siglo XIX en los Estados Unidos, consolidándose a principios del XX, primero por la práctica frecuente y después a partir de cuerpos legales relativos a su financiamiento. La idea era la selección de delegados de los pueblos o comunidades a las convenciones distritales para la elección de candidatos. En su origen, las primarias fueron una reacción contra las maniobras mañosas e incluso corruptas de los partidos en los procesos de selección de candidatos, y también ciertamente la respuesta a una mayor demanda por democracia interna. En la actualidad, las elecciones primarias prácticamente operan en todos los niveles del sistema político norteamericano, desde los municipios hasta las elecciones presidenciales.


Cuando se habla de elecciones primarias, se debe tener en cuenta que éstas pueden ser abiertas o cerradas, dependiendo de si se admite que participen sólo los miembros inscritos de los partidos o cualquier persona inscrita en uno de ellos, o si se admite a personas no inscritas en ninguno (“independientes”).


Otro aspecto importante en el modelo norteamericano es que las primarias no sólo duran un extenso período, sino que además se hacen con una debida antelación a las elecciones. Así, por ejemplo, las primarias se realizarán en enero de 2012 y las elecciones presidenciales en noviembre de ese año; por lo tanto, el proceso de campaña de primarias comienza con bastante antelación, en concreto durante 2011.


Finalmente, no hay que olvidar que las primarias operan en un contexto institucional bastante ad hoc y diferente al chileno; por lo pronto, en un sistema federal.


Las primarias tienen un efecto descentralizador significativo. Las bases locales en las diferentes elecciones (particularmente municipales y parlamentarias) tienen un rol político clave y así ellas pueden generar un gran impulso en la participación regional.


La conveniencia de legislar al respecto en el caso chileno tiene sentido en la medida en que podría revitalizar al sistema de partidos, incorporando mayor participación de sus miembros como asimismo de sus simpatizantes. Hasta ahora las primarias que se han llevado a cabo en el país, si bien han brindado legitimidad a los procesos electorales internos, no necesariamente han generado un proceso competitivo previo. La razón es que en los hechos se ha llegado a ellas con un resultado anticipado (Frei-Lagos o Lagos-Zaldívar), o se han producido situaciones bochornosas, como en 2009 (Frei-Gómez), cuando se establecieron condiciones bastante cuestionables.


Ahora bien, un tema que debe tenerse en cuenta es el rol de los partidos en la selección de candidatos. Las primarias no son un sustituto de la labor de los dirigentes, sino una herramienta, un instrumento para resolver los dilemas de selección de los candidatos que mejor representen las agendas e idearios de los partidos. En modo alguno ellos pueden renunciar a esa responsabilidad ni tampoco las primarias pueden transformarse en una herramienta de selección de cualquier candidato que logre la mayor popularidad a costa de los principios y agendas políticas de los partidos. De ser así, éstos y sus dirigencias pierden sentido, y las agendas y proyectos políticos pasan a ser irrelevantes, debilitando aun más la actividad política.


Sin perjuicio de lo anterior, las primarias son un instrumento valioso, que puede constituirse en un gran salto democrático para los partidos políticos chilenos, generando legitimidad y transparencia. Todo ello en la medida en que efectivamente promuevan la competencia, tengan un carácter inclusivo y respeten reglas básicas de transparencia.


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