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martes, 31 de mayo de 2011

¿Protección de la maternidad o extensión del posnatal? Carmen Domínguez, Directora Centro UC de la Familia.


¿Protección de la maternidad o extensión del posnatal?

Carmen Domínguez, Directora Centro UC de la Familia.




Todos estamos observando el duro enfrentamiento que se está dando en el Congreso en torno al proyecto de ley para reformar la normativa que existe en el Código del Trabajo para proteger la maternidad. No obstante, el debate aparece presentado como centrado en el plazo y las condiciones que la extensión del posnatal propuesta debe o no tener. Con ello, se expone un aspecto importante pero se olvida contextualizarlo en el escenario global en que esta discusión debe darse.



La primera constatación es que la actual protección a la maternidad (esencialmente las licencias pre y posnatal con sus plazos vigentes) sólo cubre al 55% de las mujeres trabajadoras en Chile. Ello significa que muchos niños no cuentan con el derecho a tener a sus madres acogiéndolos y amamantándolos en sus primeros meses. Es el problema de cobertura que la protección actual presenta y que es el más grave de todos, pues supone que lo que se quiere ampliar ni siquiera está hoy asegurado para todo niño.



Por otra parte, el subsidio estatal que se otorga actualmente para cubrir esas licencias es regresivo, lo que implica que está favoreciendo más a las mujeres trabajadoras con más ingresos y no a aquellas más necesitadas del amparo del Estado. En efecto, el 52% del subsidio maternal es utilizado por las mujeres que pertenecen a los sectores de más recursos. Adicionalmente, el mayor uso de licencias por enfermedad del hijo menor de un año es también en mujeres ubicadas en esos sectores.



Además, la tasa de fecundidad en nuestro país es baja sin que se observe un cambio futuro, en términos que la necesidad de generar un marco legal proclive a la maternidad puede contribuir a una modificación de esa tendencia cuya corrección es necesaria. Tenemos, finalmente, una de las tasas de participación laboral femenina más bajas del mundo.



Todo lo anterior determina que el primer objetivo de la reforma deba ser ampliar la cobertura y corregir el foco del subsidio, aspectos que van unidos pues el financiamiento de la primera es más posible con la corrección del segundo.



En segundo término, cuando queremos abordar el tema de la protección a la maternidad, debe entenderse que ello comprende un conjunto complejo de beneficios y reglas que no se agotan en la pura extensión del posnatal. Por el contrario, comprende permiso prenatal y posnatal para la madre, permisos para el padre, licencias por enfermedad del hijo menor de un año, permisos para alimentación del niño, derecho a la sala cuna, etcétera, beneficios todos que deben ser regulados de manera integrada para que puedan producir los efectos que de ellos se anhelan y que no se produzcan los efectos no queridos de ellos, como la disminución de la contratación femenina. De hecho, uno de los aspectos de la protección a la maternidad que más inciden en el acceso de la mujer al empleo es el derecho a sala cuna, en cuanto encarece el costo de su contratación pues debe ser soportado por el empleador. Si a todos interesa el mejor cuidado de los niños, éste es un aspecto que no puede ser preterido en una reforma sino que ciertamente debe ser vinculado con los otros.



De este modo, una reforma fraccionada, que sólo se centre en uno o en unos de esos aspectos, no permitirá la revisión equilibrada que se requiere para que todos los anhelos sean conciliados. En efecto, si sólo un grupo de niños sigue teniendo derecho a desarrollarse, se habrá fallado en la garantía de un derecho que debe ser universal. Si la contratación femenina decae por efecto del exceso de cargas que ello supone al empleador, no sólo se merman sus oportunidades sino las de los propios niños. Y todo lo anterior nos afecta a todos, pues a todo nuestro país interesa que más madres trabajadoras puedan tener más hijos y que ellas y sus padres puedan participar de sus vidas de modo activo y comprometido.



Legislar en la materia es tarea compleja y, por ello, la reforma requiere el espacio y tiempo necesarios para que los legisladores puedan informarse y formarse un juicio completo. Es lo que aprendimos quienes formamos parte de la Comisión Mujer, Trabajo y Maternidad que se formó en 2010 para el estudio de esta materia.



Proteger la maternidad no es sólo extender el posnatal de tres a seis meses en las mismas condiciones actualmente vigentes, sino armar muchas piezas de un puzzle que deben quedar perfectamente encajadas para que la reforma efectivamente pueda dar la oportunidad para que más niños puedan nacer en el seno de unos padres que puedan brindarles la atención y el cuidado necesarios.


lunes, 30 de mayo de 2011

Cultura: Un nuevo paso hacia el desarrollo Luciano Cruz-Coke Carvallo, Ministro de Cultura.


Cultura: Un nuevo paso hacia el desarrollo

Luciano Cruz-Coke Carvallo, Ministro de Cultura.


El anuncio presidencial, del pasado 21 de Mayo, que propone la creación de un Ministerio de Cultura y Patrimonio, viene a hacerse cargo de un viejo anhelo de la comunidad cultural, cuya implementación permitirá también sentar las bases para transitar de la adolescencia a la adultez en materia de desarrollo cultural, potenciando la experiencia ya adquirida por los distintos actores del sector.



Como antecedente a dicho anuncio, la creación del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes el 2003 constituye el principal hito de nuestra institucionalidad cultural republicana, lo cual ha permitido un avance fundamental en la promoción de la cultura, las artes y la participación ciudadana.



Sin embargo, resulta transversalmente reconocido que la implementación de este servicio autónomo, que cuenta con un directorio colegiado y cuyo presidente ostenta el rango de ministro, no puso fin a la dispersión de competencias y recursos que la Ley 19.891 intentó, declaradamente, dejar atrás, al pretender, fallidamente, hacerse cargo de un antiguo diagnóstico acerca de la dispersión de la política gubernamental en cultura y cuyos principales antecedentes, en gobiernos anteriores, lo constituyen las comisiones Garretón e Ivelic.



En efecto, si bien la ley otorgó al Consejo Nacional de la Cultura y las Artes la función de coordinar los planes, programas y acciones de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos y del Consejo de Monumentos Nacionales, la institucionalidad cultural no logró integrar a dichos órganos públicos, sobre los cuales recae la tuición administrativa del patrimonio material y que permanecen hasta la fecha presente alojados en el Ministerio de Educación. Lo anterior impide terminar, en la práctica, con la superposición de funciones con diversas reparticiones como el Minvu, la Dirección de Asuntos Culturales de RR.EE., la Dirección de Arquitectura del MOP, la Subdere, entre otros, principalmente en materias de patrimonio e internacionalización.



Por otra parte, reconociendo las ventajas que ha significado para el sector cultural contar con un ministro que integra los gabinetes presidenciales, en estricto derecho, la categoría que la ley otorga al presidente del Directorio del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, es la de jefe de servicio. Dicha situación, junto con limitar su actuación administrativa, incide directamente al momento de suscitar los apoyos suficientes para conseguir el financiamiento adecuado que el sector cultural requiere, debido a la limitante que el hecho de ser un servicio público supone, delegando, en la práctica, las grandes decisiones en materia cultural al Presidente de la Republica de turno.



Es por ello que un futuro Ministerio de Cultura y Patrimonio constituye una oportunidad histórica para que, fruto del trabajo de la comunidad cultural en su conjunto, emerja una nueva orgánica integradora y eficiente que, promoviendo estructuras participativas de la sociedad, termine con las señaladas dispersiones, instalando definitivamente a la cultura dentro del máximo nivel jerárquico que la administración del Estado consagra.



Asimismo, la experiencia mundial indica que los ministerios de cultura han demostrado ser herramientas eficaces para contribuir al desarrollo económico y la cohesión social, potenciando a sus sectores creativos y estimulando la protección de su patrimonio cultural por medio del incremento y focalización de los recursos, tanto en lo nacional como en lo que dice relación con su promoción en el exterior.



En la actualidad, el creciente nivel de desarrollo del país, la mayor demanda de bienes culturales y la emergencia de una sociedad cada vez más consciente de sus derechos, hacen imperativo que el Estado satisfaga estas necesidades mediante la creación de un instrumento adecuado. Así, la experiencia de legislaciones comparadas señala que la tendencia en los estados democráticos es a adoptar el modelo de ministerio con las correcciones necesarias para asegurar la activa participación de la sociedad civil. La incorporación de órganos colegiados, ya sean asesores o con facultades resolutivas, en la toma de decisiones como ocurre, por ejemplo, en Brasil o en Colombia, cuyos modelos ministeriales cuentan con consejos nacionales, regionales o sectoriales, es la fórmula que asegura de mejor manera la participación e integración efectiva de la sociedad en un mundo que demanda crecientemente un mayor intercambio ante la digitalización de las comunicaciones globales de la que hoy somos todos parte.



Hoy, que Chile está ad portas de dar el salto al desarrollo, el anuncio hecho por el Presidente de la República es una señal esperanzadora que pone de relieve la importancia que el Estado de Chile confiere a su cultura.

sábado, 28 de mayo de 2011

EE.UU.: Oportunidad perdida, por Pablo Rodríguez Grez.


EE.UU.: Oportunidad perdida, por Pablo Rodríguez Grez

Decano Facultad de Derecho, Universidad del Desarrollo



Desde su independencia, hace más de dos siglos, Estados Unidos ha proclamado y luchado por establecer un sistema político basado en la libertad y el imperio del derecho. Durante la llamada "guerra fría" se enfrentó al ideario comunista que predicaba el advenimiento de la "dictadura del proletariado", como instrumento necesario para la construcción de un estado superior que eliminara toda suerte de poder coercitivo. Fue aquélla una "utopía" de consecuencias trágicas que costó decenas de millones de vidas y que se extendió como una mancha por todo el planeta, evocando los intereses del "pueblo" y la "justicia social". Durante años el mundo estuvo al borde del holocausto nuclear, porque no se visualizaba posibilidad alguna de evitar racionalmente este enfrentamiento. Contra todo pronóstico, la Unión Soviética, que encabezaba el proyecto de un mundo comunista, se desmoronó internamente, sin que nadie conspirara para precipitar su caída, ante el asombro de la humanidad y la ocurrencia de lo que parecía un verdadero milagro.



Desde entonces existe un compromiso tácito que comparten hoy día la inmensa mayoría de los hombres y mujeres que habitan la Tierra, y que consiste en extender y ampliar la libertad y organizar la convivencia social sobre la base de normas jurídicas, ante las cuales todos somos iguales.



El 11 de septiembre de 2001, Estados Unidos, transformado en la nación más poderosa y líder del ideario libertario, sufrió un golpe espantoso en el corazón de la más cosmopolita de sus ciudades y en su capital federal. Este hecho puso a prueba su capacidad de reacción, la fortaleza de las convicciones que proclama y la entereza moral de su pueblo. Se trató, es cierto, de una agresión ajena a la guerra convencional, contra un enemigo difuso, que estaba potencialmente en todas partes, y que se movía por la fuerza de una fe religiosa que enceguece la razón. La situación, entonces, no podría ser más difícil, porque no sólo se trataba de castigar al culpable, sino también de mantener los principios que inspiran a los norteamericanos y que se transmiten e inculcan a través de todos los continentes. Aquélla era una oportunidad incomparable para demostrar que lo que se pregonaba (la libertad y el apego al derecho como único medio de convivencia) es un sentimiento profundamente arraigado en el alma de toda una nación, y no un postulado instrumental y acomodaticio.



Se inicia así la persecución del cabecilla del golpe más artero de que se tenga memoria en la historia contemporánea. Si Estados Unidos, en esta dolorosa encrucijada, hubiese sido capaz de mantener los ideales que encarna, su conducta sería un testimonio elocuente de sinceridad y rectitud, ratificando al mundo que lucha por ideales, y no por apetitos económicos o de poder. Lamentablemente, aquello que constituye el sello de su ideario cayó despedazado por una reacción primitiva de venganza. Se perdió así la posibilidad histórica de demostrar que es más poderoso un ideal que el logro de una ventaja circunstancial o una prueba de fuerza. Ciertamente habría sido complejo trasladar a un detenido de esta especie y con tan peligrosos seguidores hasta la sede de un tribunal norteamericano, pero era lo que correspondía. Tampoco puede ignorarse que la detención y juzgamiento de Osama bin Laden habría acarreado una movilización del extremismo musulmán y, muy probablemente, una serie de trastornos destinados a presionar a las autoridades. Pero sobreponerse a todo ello era la prueba que esperaban los que creen en la legitimidad del derecho, cuando impera el orden y están dadas las condiciones para imponer su acatamiento.



Lo ocurrido, unido a las irregularidades que se han cometido en Guantánamo con los prisioneros de esta guerra irregular, induce a pensar que la libertad, el derecho y el respeto por la persona humana sólo pueden darse en un medio en que reine la normalidad y no se desboquen las pasiones. Pero tan pronto aquello se pierde, volvemos a las reacciones y conductas primitivas dominadas por la brutalidad y la fuerza. Así las cosas, en definitiva, es poco lo que hemos avanzado, a pesar de las proclamas y ampulosas manifestaciones sobre los nuevos horizontes de la humanidad.



Si se llegare a sostener que la crisis que provocó Osama bin Laden y su movimiento musulmán es lo más grave que ha ocurrido en los últimos tiempos, la respuesta debiera ser que precisamente por eso se abrió a nuestra civilización la oportunidad de dar una prueba indesmentible de grandeza y de verdad.

viernes, 27 de mayo de 2011

Parlamentarios que empuercan su propia casa, por Sergio Melnick.


Parlamentarios que empuercan su propia casa,

por Sergio Melnick.





¡Qué impotencia ver a algunos personeros de la Concertación tratando de arrastrar a nuestro país a las cloacas, por segunda vez! Cobardes los parlamentarios que coordinaron el intento de distraer y violentar el acto del 21 de mayo, al usar sus invitaciones para traer activistas programados a interrumpir en siete oportunidades el discurso del Presidente. Personas que fueron claramente violentas al gritar, literalmente como animales, no en un estadio, sino en un evento republicano solemne. De esa manera, tales parlamentarios emporcaron su propia casa, pero nada les importa. ¡Cobardes! ¿Por qué ellos mismos no dieron la cara, en vez de usar a terceros? Es la mano tradicional de la izquierda, que cuando no tiene razones que esgrimir o pierde la batalla de las ideas, simplemente recurre a la fuerza, a la violencia, a la descalificación. La institucionalidad les acomoda siempre y cuando se incline a sus ideas; si no, la destruyen. Así ocurre hoy con HidroAysén, una institucionalidad creada en tiempos de sus propios gobiernos, con su propia lógica.



Los parlamentarios que levantaron un lienzo son también violentos, aunque de otra forma, al forzar la situación, al generar una tensión innecesaria y al alterar un evento nacional. Es como la violencia psicológica comparada a la física. Estos parlamentarios, curiosamente, tienen todo el acceso que deseen a los medios de comunicación que quieran, pero igual trataron de captar la atención de una ceremonia en que no eran los protagonistas. Fue una muestra de inmadurez y también de irresponsabilidad institucional. Con las chapitas era más que suficiente. Pero no, había que manchar la ocasión y la institución. Había que emporcar.



¡Qué caradura y descalificadora la actitud del rugbista de la política chilena, el DC Jorge Pizarro! Un odioso como él no representa el espíritu moderado de su partido. Y para qué hablamos de Camilo Escalona, que hasta por los pelos y poros destila odio y resentimiento.



Más violentos aún fueron aquellos izquierdistas que se enfrentaron de manera inusitada a carabineros, levantando un llamativo lienzo por la revolución, y las banderas rojas de siempre flameando. Banderas teñidas de sangre en la historia del socialismo y comunismo internacional. Me pregunto quiénes serán los oscuros líderes de izquierda que los mueven y no dan la cara en democracia. Así empezó la saga que terminó destrozando Chile. No compro la teoría fácil del lumpen.



Volviendo a los parlamentarios de la vergüenza, salen luego del evento descalificando al Presidente como violento. Paradójico, el ladrón detrás del juez. Y uno de sus reclamos era por qué la TV oficial no había mostrado a los violentos, y seguía enfocando al Presidente durante el discurso. De no creerlo.



Piñera habló con sabiduría, llamó a la unidad nacional, habló de las oportunidades, de las responsabilidades y de los derechos, reconoció sus méritos a la Concertación, así como mostró algunas de sus fallas evidentes. Pero si hubiese querido destacar más desaciertos de ésta, podría haber llenado todo el discurso.



El desempeño en logros del Gobierno en un año es simplemente espectacular. Casi medio millón de empleos hablan por sí solos. Más aún de lo que se hubiese pensado, considerando el brutal terremoto. Aun así, la crítica de la oposición es realmente mezquina, sólo ideológica y ciertamente odiosa.



Pero tengo esperanza de que en la Concertación haya más cuerdos que violentos e irresponsables. Tengo confianza en que la DC será equilibradora y centrada. Tengo esperanza en que los líderes viejos finalmente dejen espacio a los más jóvenes de ideas. Porque hay jóvenes de ideas viejas, como Tohá, que había partido tan bien hace algunos años, pero que está cada día más oscura, de gesto amargo y confrontacional. Debe ser un complejo de culpa de cuando abandonó a sus electores y se fue al gobierno y al comando que perdió.



Un país centrado políticamente es más sano que uno de polaridades. Los 20 años de estabilidad los dio en gran medida el sistema binominal, sin el cual la Concertación hubiese desaparecido. Necesitamos una buena Concertación, que sea inteligente, renovada, propositiva, que haga una oposición constructiva y que dispute bien el poder para que haya alternancias en el tiempo.



Estoy orgulloso del discurso del Presidente y de lo que ha hecho el Gobierno, y estoy decepcionado por el comportamiento violento y descalificador de algunos parlamentarios de izquierda que emporcaron su propia casa.


jueves, 26 de mayo de 2011

Nuestra visión sobre la muerte de Allende, por Mario Montes.


Nuestra visión sobre la muerte de Allende,

por Mario Montes.





Se intenta presentar a Salvador Allende como un verdadero héroe que prefirió dispararse un par de balazos en la cabeza como una demostración de dignidad superior y como un ejercicio, que algunos han llegado a calificar de escalofriante, ejercicio de responsabilidad política.



Creemos que para analizar el suceso hay que retrotraerse a la época, en la que el país lucía desbaratado económica, política y socialmente, donde las Leyes habían perdido eficacia por la falta de respeto del Ejecutivo a los fallos judiciales, con lo que se transformó en letra muerta.



Nuestra patria estaba irremisiblemente dividida por las odiosidades sembradas desde mediados de los sesenta y se dirigía, sin lugar a dudas a un enfrentamiento fratricida que era fomentado desde la mismísima Moneda y por medio de los grupos armados del oficialismo.



En esas circunstancias, y conciente de que debería rendir cuentas al país por el enorme daño realizado, el Presidente Salvador Allende Gossens decidió, como se lo había ordenado Fidel Castro en su interminable visita a Chile, un mes, quitarse la vida.



Se ha tratado de dar a este suceso connotaciones épicas y emotivas para deificar al destructor de Chile partiendo de la base de una elaboración falaz que hiciera en La Habana Fidel Castro, a fines de septiembre de 1973, transformaron al cobarde en héroe.



Fidel Castro aseguró ese día que con el suicidio se perseguía ocultar “el comportamiento extraordinariamente heroico del Presidente Allende”, quien, tras hacer chatarra dos tanques militares con certeros disparos de bazuca, murió metralleta en mano, acribillado por “los fascistas”.



Testigos privilegiados de ese momento, como la Periodista Frida Modak o los Doctores Arturo Jirón y José Quiroga, contaron lo realmente sucedido, que Allende se suicidó, pero por publicidad y manipulación de la realidad se impuso la versión maniquea del chacal caribeño.



Entre las palabras de esa noche el tirano cubano ejemplifico que “Así muere un combatiente verdadero”, agregando una nueva consigna: “Los revolucionarios chilenos saben que ya no hay ninguna otra alternativa que la lucha armada revolucionaria”.



Interesante resulta anotar que desde el mismo 11 de septiembre de 1973 nuestra historia se comenzó a manipular desembozadamente y a promover una especia de guerra de liberación, típicamente comunista, para terminar con la “dictadura” de Pinochet.



Hoy por medio de su exhumación y exámenes teratológicos, realizados en el Servicio Médico Legal, con asesoría de 5 expertos extranjeros, se pretende llegar a una nueva versión de esa realidad con claras intenciones de mantener vivo el mito y un heroísmo inexistentes.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Como si ese “alguien” existiera, por Felipe Cubillos.

Como si ese “alguien” existiera,

por Felipe Cubillos.





Soy de aquellos que no les gustaría ver a nuestra querida Patagonia y a los bosques milenarios del sur cortados por una línea de transmisión eléctrica (¿existirá alguien que de verdad lo quiera?). Pero también soy de aquellos que no se cree el cuento de que esta línea se va a ver en las Torres del Paine (como lo muestra la publicidad de una organización ambientalista) o que la energía de HidroAysén se la van a consumir las mineras. Es que unas están a cientos de kilómetros al sur y las otras a cientos de km al norte de donde termina la línea.



Soy de aquellos que tampoco quieren a la costa chilena poblada de centrales termoeléctricas. También soy de aquellos que creen que, más temprano que tarde, vamos a necesitar mucha más energía. Hace rato dejé de creer que existían «expertos» capaces de predecir el futuro y mostrarnos con sesudos estudios que ello no es necesario. Simplemente no les creo, porque no les creo a los planificadores de las vidas de los hombres libres. Es más, de aquí a cinco años sueño con ver Santiago con aire limpio y con autos eléctricos en nuestras calles. ¿Se imaginan cuánta energía nueva vamos a necesitar? Sólo les diré que si eso ocurre, HidroAysén nos queda chica.



El problema de la energía, creo yo, es que estamos tratando de resolverlo desde arriba, desde la autoridad; o sea, desde la oferta. Por ejemplo, con la medida de que de aquí para adelante un 5% de nuestra matriz tendrá que provenir de energías no convencionales (de paso, condenamos a los más humildes a comprar energía más cara), o que se va a conformar una comisión de hombres buenos, de todos los colores políticos, para enfrentar el tema. Pronostico importantes papers, seminarios internacionales, horas y horas de comisiones, entrevistas, muchas presentaciones en 3D y finalmente pocos resultados concretos. Y, lo más grave, el tiempo transcurre inexorablemente y en contra nuestra y, sobre todo, de nuestros hijos.



Creo que el problema debe resolverse desde la demanda. Y propongo tres medidas urgentes.



Uno, que el Congreso saque ya la ley que permite vender los excedentes autoproducidos tanto por particulares como por empresas. Esa medida le entrega a la gente la decisión de instalar sus propias soluciones energéticas y los excedentes se inyectan al sistema central... Es que cuando veo a algunos de nuestros parlamentarios protestando en las calles, me pregunto por qué no sacan las leyes que necesitamos para solucionar en parte el problema. Entiendo que para eso los elegimos. Esa ley lleva demasiados años esperando. Y, ojo, el 55% del consumo del sistema interconectado central es residencial.



Dos, que cada uno de nosotros nos podamos inscribir y decidir que queremos energía de fuentes alternativas y que solemnemente nos comprometamos a comprarla a un precio mayor que el que pagamos hoy. Aquí las empresas tienen mucho que decir y debiéramos preferir a aquellas que también optan por ese tipo de energía. Seguramente, ellas libremente se agruparían bajo un sello que las distinga de las demás (Collahuasi acaba de anunciar una licitación de 20 megas para adquirir energía de fuentes alternativas). Aquí entra a actuar la autoridad, poniendo los precios que incentivarán a miles de emprendedores a buscar la solución al problema de energía chileno. Será la demanda que traccionará a la oferta. Y todos nosotros, responsablemente, más que salir a las calles a protestar y pedir que alguien nos solucione el problema (como si ese «alguien» existiera), tomaríamos la solución en nuestras manos.



Tres, que el Estado chileno haga muy eficiente el fondo de US$ 85 millones para incentivar el estudio y aplicación de energías alternativas, y eso permita que los miles de mentes brillantes que existen en nuestros país y el mundo, y que no tienen acceso a capital, puedan acceder a estos recursos que permitirán probar si efectivamente las algas, las olas, las mareas, los vientos, los magnetos, la jojoba, el sol, la fusión, Tesla, Stirling o qué sé yo, sirven para producir la energía del futuro.



Soy un convencido, una vez más, de que miles de voluntades pensando libremente cómo resolver sus problemas son más creativas que la más genial de las autoridades.



¿Qué tal si lo intentamos devolviéndole el poder a la gente? Y si no lo logramos, entonces los que nos dicen que HidroAysén es necesaria, y también las termoeléctricas, habrán tenido razón.



Al menos intentémoslo; necesitamos la energía de todos.


martes, 24 de mayo de 2011

Crecimiento, empleo y protestas, por Cristina Bitar.


Crecimiento, empleo y protestas,

por Cristina Bitar.




El mensaje del 21 de Mayo fue —más allá de críticas formales que se le puedan hacer— un llamado a la esperanza para un país que progresa como pocas veces en su historia. Los resultados en términos económicos son sencillamente sobresalientes: hemos recuperado el crecimiento que no teníamos desde hace 15 años y, con ello, Chile es nuevamente un país líder. Lo interesante es que los logros alcanzados no surgen de cambios radicales, sino simplemente de una administración que le ha dado un nuevo impulso a un modelo que se viene aplicando desde hace más de 30 años. Ahí está la clave del éxito. Estamos parados a las puertas del desarrollo gracias a lo que han hecho muchos gobiernos consecutivos de distinto signo. En pocas palabras, hoy estamos cosechando los frutos de un país que hace décadas encontró su rumbo.



Esto en nada quita mérito a la gestión del Presidente Piñera; al contrario, se han enfrentado problemas endémicos, como los de la educación o las listas de espera en salud, y otros como la reconstrucción de un país devastado por el terremoto. La gestión del actual gobierno, con todos sus problemas, ha significado un fuerte reimpulso de nuestro crecimiento, y la promesa de terminar con la extrema pobreza durante este período es un objetivo que se ve cada vez más cerca. Si el Presidente lo logra, entrará al selecto grupo de los grandes estadistas de nuestra historia.



Pero, al mismo tiempo que vemos un país que progresa, vemos una polarización política realmente preocupante, y manifestaciones callejeras de una violencia inusitada en un país cuya ciudadanía está, en términos muy mayoritarios, optimista y políticamente reconciliada. A ambos aspectos quiero dedicarles unas líneas. Primero, creo que la Concertación se equivoca al confundir oposición política con una verdadera descalificación institucional. Los incidentes provocados por parlamentarios e invitados al mensaje presidencial no le hacen daño al Gobierno, sino que al país, y degradan instituciones republicanas como la Presidencia y el Parlamento. Los parlamentarios de oposición tienen todo el derecho de encontrar que el discurso del Presidente es malo y cuentan con todas las oportunidades para expresarlo así en todas las instancias. No hay justificación, entonces, para levantar lienzos en una ceremonia que es una tradición republicana.



Por otro lado, las manifestaciones también ameritan reflexión. Creo que las protestas han terminado por demostrar que el afán de quedar bien con todo el mundo, de otorgarles garantías a todos los sectores, de rendir examen de popularidad constantemente, le pasó la cuenta al Gobierno. Y no es que no hayan cumplido con todas sus promesas, sino que las expectativas eran mucho más altas de lo que ellos mismos pensaban. Tomemos el caso del matrimonio homosexual. Piñera fue claro y consistente, en todas sus apariciones en campaña sobre el tema, en decir que él consideraba que el matrimonio debía ser entre un hombre y una mujer. Pero el solo hecho de mostrar una pareja de homosexuales en su franja televisiva generó una falsa expectativa de que iba a legislar sobre el tema o que, al menos, se iba a imponer a sus socios más conservadores de la coalición. Ninguna de las cosas ha pasado y el descontento entre aquellos que se sienten defraudados (aunque a veces sin ninguna razón) crece.



Ese mismo ejemplo extrapolémoslo a los temas ambientales (donde Piñera nunca habló contra HidroAysén), al posnatal, al 7% de los jubilados, etc. Una mezcla entre una campaña llena de ofertas y un electorado ansioso de cambio generó una ciudadanía que creyó que le estaban ofreciendo más de lo que realmente estaba en el programa. Esa ciudadanía hoy se está dando cuenta de la realidad y demuestra su descontento.



La buena noticia es que el Presidente, en su discurso este 21 de Mayo, nos notificó, con una valentía y claridad que no se había visto en cuentas pasadas, el rumbo de lo que quiere hacer en los próximos tres años. Un rumbo sin promesas excesivas, honesto y claro. No tuvo problemas en plantear medidas que parecieran impopulares, pero que obedecen a su profunda convicción de hacia dónde tiene que marchar el país. En definitiva, pareciera que, después del sábado, el Gobierno decidió dejar de gobernar mirando encuestas y parece dispuesto a tomar las opciones más difíciles y complejas.

lunes, 23 de mayo de 2011

Vigilar la frontera y regularizar la inmigración, por Hernán Felipe Errázuriz.




Vigilar la frontera y regularizar la inmigración,

por Hernán Felipe Errázuriz.






Hay que cuidar nuestra frontera norte y regularizar la inmigración. En el norte convivimos con los dos países que son los mayores productores de cocaína. Por allí ingresan ilegalmente decenas de miles de indocumentados y algunos criminales. Hasta miles de ilegales de Colombia y Ecuador han descubierto esa vía descontrolada. Al sur de Arica fueron sorprendidos esta semana 17 peruanos ilegales ocultos en un camión. Su conductor sólo fue multado en 60 mil pesos por "transportar exceso de carga". No era aplicable el delito de tráfico de migrantes: habían traspasado sin ser detectados el control aduanero. Esa zona es la salida de miles de autos y camionetas robados en Chile y comercializados en el altiplano. El jefe de la policía boliviana tenía uno de esos vehículos: fue destituido este miércoles. Meses antes fue sorprendido en Arica el ex jefe de los servicios bolivianos para combatir a los narcotraficantes, en complicidad con los carteles de cocaína que usan esa frontera para el tránsito de drogas. Un par de años atrás, ingresó inadvertido al territorio nacional un transporte militar armado, con 20 soldados y un coronel peruano. No quedó más que darles salida libre por Chacalluta.



Faltan los medios para que los abnegados policías, aduaneros y marinos puedan controlar la frontera. Este cometido requiere cooperación entre los países vecinos. A todos interesa combatir el narcotráfico y velar por la seguridad en los poblados aledaños: allí se instala el crimen organizado, con miles de muertos, como está ocurriendo en las fronteras de México y de Centroamérica. Eso podría repetirse en Chile.



Junto con controlar la frontera y el ingreso de ilegales, es necesario definir una política migratoria. Los inmigrantes son un valioso aporte para el desarrollo nacional. El país los necesita para suplir sus deficiencias en capital humano, agravadas por nuestro estancamiento demográfico. De hecho se han duplicado en la última década y van en ascenso No hay que eludir esas realidades, con ventajas, pero también con riesgos si no funcionan los controles fronterizos y se carece de políticas migratorias. Lo primero, hay que contar con información útil, que no se tiene, sobre la situación migratoria en Chile. A la vez, se debe flexibilizar la contratación de extranjeros y otorgar -sin demoras de meses, como ocurre hoy- los permisos de residencia para trabajos lícitos. Igualmente importante es disponer de medios, que tampoco están disponibles, para promover la integración de los inmigrantes desde países vecinos y evitar que se aíslen en barrios, sean abusados o se rebelen, como se ha visto en Europa y Estados Unidos. Vigilar la frontera es ejercer soberanía y un medio indispensable para la correcta inmigración: parecería que no estamos cumpliendo debidamente ni una ni otra obligación.

sábado, 21 de mayo de 2011

La matriz universitaria, por Gonzalo Müller.


La matriz universitaria,

por Gonzalo Müller.



El pasado jueves, más de 20 mil jóvenes estudiantes universitarios y secundarios marcharon por reformas al actual sistema de educación superior, poniendo en evidencia las fallas y desigualdades que éste genera y solicitando mayores recursos por parte del Estado.



Pero no basta con inyectar más dineros al sistema, sin antes revisar si el actual modelo de educación superior cumple con estándares de igualdad en el trato y acceso que tienen los jóvenes de nuestro país, y la transparencia que existe en el uso de esos recursos.



Así, vemos que la mayor parte de las críticas apunta a las desigualdades que enfrentan los alumnos al momento de recibir ayuda en el financiamiento de sus estudios. En los hechos, existirían «alumnos de primera categoría», pertenecientes al Consejo de Rectores de las Universidades Chilenas (CRUCH), y de segunda: la inmensa mayoría, casi el 80% que asiste a universidades privadas, institutos profesionales y centros de formación técnica. Sin embargo, el grupo de los pertenecientes al CRUCH concentra el 80% de las ayudas estatales para la educación superior, asignación basada en criterios históricos y no de necesidad socioeconómica, dejando en una situación de desmedro al resto de los estudiantes.



Este desigual trato del Estado frente a los estudiantes se hace más evidente al ver cómo los alumnos del CRUCH acceden a un crédito solidario en condiciones mucho más ventajosas que sus pares que estudian en otras instituciones. La diferencia en la tasa de interés es brutal: para los primeros, un 2%, y para el resto, casi un 6%. En verdad, no se entiende qué justifica que los alumnos con mayor necesidad de ayuda deban asumir créditos más caros, generando un excesivo endeudamiento de sus familias. De los profesionales que egresan del CRUCH y contaron con crédito solidario, sólo un 40% paga esta ayuda recibida para realizar sus estudios; con su actitud no sólo reducen la capacidad del mismo fondo de crédito a incorporar nuevos beneficiarios, sino que evidencian el diferente trato frente aquellos que, estudiando con créditos con aval del Estado, deberán responder por sus deudas sin importar qué porcentaje de sus futuros ingresos deban destinar para estos efectos, ni tampoco el tiempo que se demoren en servirlas.



Lo inequitativa de la actual distribución de los recursos destinados a la educación superior y el trato discriminatorio entre los jóvenes frente al sistema de financiamiento, sólo basado en el tipo de institución a que pertenecen y no en sus necesidades o capacidades, revela la urgencia con que debe ser enfrentada la discusión de una reforma a la educación superior y, sobre todo, avanzar hacia un sistema único de crédito estudiantil, que garantice el igual acceso de todos a las ayudas ofrecidas por el Estado.



Si creemos que la educación es por lejos el mayor responsable de la movilidad social, capaz de provocar grandes saltos entre generaciones, debemos entender que la promesa de una sociedad más integrada y justa, basada en el mérito, no se puede cumplir con un sistema de educación superior que obedece al Chile del pasado, rígido y tradicional, y donde los privilegios que antes se otorgaban sin mayor cuestionamiento hoy nos parecen inaceptables.



El Gobierno debiera revisar el conjunto de los recursos destinados a la educación superior bajo parámetros de mayor equidad y justicia en la distribución, abriendo la posibilidad a que todos los estudiantes e instituciones de educación superior reciban un igual trato en el acceso a estos dineros públicos, pero también estableciendo y fiscalizando exigencias reales de calidad de la educación que se ofrece, y de mayor trasparencia en el uso de esos recursos.


viernes, 20 de mayo de 2011

Reflexiones en una gira, por Roberto Ampuero.


Reflexiones en una gira,

por Roberto Ampuero.






Acabo de visitar México y Colombia, presentando una novela. Antes pasé por Alemania y España. Recogí en esos países diversas impresiones, pero la esencial fue comprobar que allí existe una imagen altamente positiva de Chile. Ella emerge de su pasado y su situación actual. Del pasado: nuestra capacidad para transitar a la democracia, basados en acuerdos y compromisos y con economía sólida. De la actualidad: recuperación posterremoto, rescate minero y la notable performance económica del último año. El país se consolida de nuevo como un modelo alentador, en el que muchos latinoamericanos depositan la esperanza de una región democrática y estable, con menos pobreza y mayor equidad, y mejor integrada al mundo.



México afronta una situación delicada en el norte, donde el ejército y la policía libran una guerra contra el narcotráfico. Al mismo tiempo, asombra por la vitalidad y riqueza de su cultura y la calidad del debate de sus intelectuales. México ve su cultura como refugio, reserva y brújula en tiempos difíciles. ¿Cómo logra combatir a un enemigo interno, que tiene su principal mercado en Estados Unidos, y destacar al mismo tiempo en literatura, teatro, cine, artes plásticas o la reflexión sobre su identidad y las Américas? ¿De dónde viene esa diversidad asombrosa que no ceja ni en las circunstancias más trágicas de su historia?



Hoy basta con poner un pie en Colombia para percibir el orgullo de los colombianos por la renovada imagen de su país. En los años 80 enfrentaban una crisis semejante a la de México actual. Según los colombianos, entonces eran los parias regionales, pues la narcoguerrilla tenía al país en vilo y a punto de ponerlo de rodillas. El ex Presidente Álvaro Uribe, que terminó recientemente su mandato con elevada aprobación ciudadana, le cambió el rostro a Colombia. Me tocó conversar con él en un vuelo a Estados Unidos, y me impresionaron no sólo su claridad y su sencillez, sino también el afecto con que lo felicitan los latinoamericanos.



En los cuatro países que visité, sentí un respeto profundo y genuino por Chile. Sin embargo, cuando contemplo de cerca el país, me inquieta la virulencia que gana terreno en la política. Percibo demasiada animadversión y odiosidad, prontitud en la descalificación del adversario, un déficit para discutir con objetividad, una fatal atracción por llevar la política a la calle. Le temo a la política que se hace en la calle, porque allí suele triunfar el vociferante, mientras el debate de ideas y los datos mueren bajo el griterío enardecido. Temo que estamos perdiendo la clave de lo que nos dio éxito y estabilidad: la capacidad para conciliar y hallar el justo medio, la imprescindible dosis de prudencia, la convicción de que no siempre se obtiene todo lo que uno se propone. ¿Nos estarán perjudicando períodos presidenciales cortos, que politizan temprano hasta discusiones técnicas? Me inquieta que este clima se enrarezca más en vísperas de las presidenciales y del fallo sobre diferencias limítrofes con Perú. ¿Podrá la clase política, vista críticamente por la ciudadanía, sintonizar mejor con la visión más moderada, a ratos desapasionada, con que la mayor parte de los ciudadanos contempla la política?



El domingo pasado asistí al zarpe del buque-escuela "Esmeralda" a su crucero anual, el primero con tripulación mixta de su historia. Me emocionó ver la expresión pública de cariño de centenares de familiares que despedían a los 333 tripulantes que salieron a representar a Chile en un viaje de instrucción que, como la mar, tiene riesgos. Me impresionó percibir el sentimiento de familia que vibraba en la nave y la pericia de sus tripulantes. Allí late algo poderoso que desde tierra no logramos advertir en toda su magnitud y profundidad. Sé que la vida de los marinos difiere de la de la sociedad, pero mientras la "Esmeralda" se internaba en el Pacífico, sentí que bajo sus velas llevaba consigo una dimensión de nuestra coexistencia nacional que lamentablemente estamos perdiendo.

jueves, 19 de mayo de 2011

Educación, lucro y endeudamiento, por Gonzalo Rojas Sánchez.


Educación, lucro y endeudamiento,

por Gonzalo Rojas Sánchez.


Te comprendo, estimado dirigente estudiantil. Tienes que plantearte frente a la contingencia de la educación superior porque, efectivamente, hay problemas que afectan a tus compañeros, a tus profesores, a los administrativos, a las familias, a todo Chile. Pero hay inconsecuencias tuyas, estimado dirigente, que no ayudan para nada a que puedas hacer buenas proposiciones y a que consigas adecuadas soluciones.

Ante todo, el modo en que miras el lucro: lo describes como la lepra que se come el sano tejido educacional.

Si eres marxista, te entiendo: para ti todas y cada una de las acciones están regidas por la explotación a través de la plusvalía. No sacaré nada con argumentarte contra esa tesis marxiana, porque ya está en tu sistema de lugares comunes. Quizás, cuando trabajes, compruebes su falsedad.

Pero si eres simplemente un dirigente de buena voluntad, míralo así: en educación, el lucro está presente en todas las dimensiones de aquella actividad y es, casi siempre, necesario y legítimo. Lucramos los profesores al cobrar nuestros sueldos, obtener honorarios por proyectos de investigación, vender nuestros libros y patentes, dar conferencias o hacer asesorías. Lucran los administrativos a medida que suben por los peldaños de los escalafones burocráticos y consiguen mejores condiciones de sueldos y de beneficios. Y lucran todos tus compañeros, estimado dirigente. No sé si te vas a atrever a decírselo a la cara, pero todos y cada uno de ellos -tú también, por supuesto- tienen sus ojos puestos en niveles de ingresos actuales (mientras ya son alumnos, muchos trabajan) y futuros.

Pregúntales si saben cuánto ganarán al egresar y cuánto al quinto año y cuánto al consagrarse. Lo saben perfectamente y eso los atrae. Es legítimo... y es lucro.

Y lucran las editoriales, y todos los proveedores de la educación, y los clientes que contratan profesionales. Todos lucramos: déjate de eufemismos.

Pero además, estimado dirigente, te engañas al creer que tú y tus compañeros son unos indigentes que al endeudarse se condenan al fracaso. Tú y tu familia -mira las estadísticas de los créditos de consumo- viven endeudados. Que si la ropa, que si los electrodomésticos, que si el supermercado, que si las cuotas de las últimas vacaciones. Lo que pasa es que la cultura del ahorro para educación se perdió, como en general se ha deteriorado la provisión de dineros familiares para las necesidades futuras.

Míralo así: pregunta en tu casa cuál es el nivel de endeudamiento por consumo y aplica esos montos a tu educación. Te va a crujir la conciencia. Pero hay más. Analiza tu actual nivel de gasto mensual. ¿Te lo recuerdo? Seas del nivel que seas, logras gastar en todo esto (o, al menos, aspiras a hacerlo en cuanto obtengas unos pesos): celular, computador, música y equipos de música, carrete, megaeventos, deporte, transporte, fotocopias innecesarias, cine y video, comida que podrías llevar de tu casa, zapatillas y polerones en continua renovación, tus futuras vacaciones, revistas...

Suma, por favor, suma. Quizás argumentes que, estando en un mundo globalizado, necesitas todo eso. Pero se te puede contestar, entonces, que el que escoge en qué gastar eres tú, y que bienvenido el uso de tu libertad respecto de tus ingresos familiares y personales. Pero, recuérdalo, con esas mismas platas tendrás que pagar tus deudas a futuro.

Quizás ahora te beneficies de que el Estado te dé más. Pero después a ti mismo te cobrarán impuestos más altos para financiar esa tarea, y no tendrás ni la satisfacción de saber que pagaste directamente tus estudios ni la seguridad de que esos dineros efectivamente sean bien utilizados. Tú verás.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Guerra, justicia, asesinato, por Joaquín Fermandois.


Guerra, justicia, asesinato,

por Joaquín Fermandois.



De acuerdo con la información fragmentaria de que disponemos, todo indica que Osama bin Laden fue muerto por comandos estadounidenses, sin que opusiera o alcanzara a oponer resistencia, lo que abre una duda sobre la declaración de Obama de que "se hizo justicia". El secretismo exagerado del que hace gala una potencia democrática crea desconfianza hacia su arma más potente y creíble, la libertad de información, que en el siglo XX demostró tener más fuerza que la mentira consciente y organizada de las potencias totalitarias. En el combate contra ellas se asumieron algunos de sus rasgos, como una valoración de la "seguridad nacional" más allá de lo razonable, lo que sigue siendo recurrente, y eso les pasa la cuenta. Además, siempre está de moda arrojar piedras al Tío Sam.



Cuando se está en guerra es legítimo matar al jefe enemigo, como una forma de descabezar el mando adversario. En principio, esto no difiere en su carácter moral de matar a innumerables soldados rasos para dejar a los jefes desarmados. No sería un asesinato, salvo que creamos en el pacifismo absoluto y en la inmoralidad de suyo del empleo de armas mortíferas, al estilo de Grace Kelly en "A la hora señalada". Habría que sacar las consecuencias lógicas de tal actitud, y pensar que se la debió adoptar, por ejemplo, ante Hitler. Se ha tenido otro metro en la guerra justa (todos creen que así es su guerra).



En 1942, los ingleses enviaron un comando para matar al mariscal alemán Rommel. Le fue rematadamente mal: no hallaron al jefe militar y los guardias alemanes mataron a casi todos los ingleses. En 1943, el espionaje electrónico estadounidense descifró que el jefe de la flota japonesa, el almirante Yamamoto, organizador de Pearl Harbor, se desplazaba de una isla a otra en avión. Enviaron un escuadrón de cazas que derribó su avión, provocándole la muerte. ¿Algún problema con esto? Ninguno, sólo que no es la parte elegante de la gesta militar. El mismo rechazo aristocratizante a este tipo de acción indica que no importaría matar a innumerables soldados.



¿Qué cambiaría las cosas en el caso de Bin Laden? Que la mal llamada "guerra contra el terrorismo" es una de esas típicas situaciones conflictivas, que consisten en una combinación de guerra y de paz. Por algo el operativo de los seals se dio en país que se supone aliado de EE.UU.; buenos y malos se confunden; los rebeldes se mimetizan con la población civil. Más aún, los insurgentes quieren que las fuerzas regulares (ejército o policía) -ya sea porque se aturdan en su moral o por accidente- maten a civiles, para crear harto odio contra ellas.



En las guerras entre estados, eran ejército contra ejército. En estos conflictos de "ni guerra ni paz", hacer que todo sea guerra pierde de vista a la paz. Nuevamente, ésta es la meta de la insurgencia: como estaba en medio de población pacífica, Osama -para colmo con tres de sus muchas esposas-, después de muerto, se transfigura de guerrero feroz en blanca palomita.



Ello no quita el sabor ambiguo de la expedición que lo mató. Si hubiera sido un misil, como el que mató a Raúl Reyes, de las FARC, en 2008, no se hubiera producido este aspecto de la polémica. Hay que reconocer, eso sí, que otra cosa es con guitarra, y que en la batalla ningún comando tenía la obligación de morir para mantener con vida al líder terrorista. Y habrá que conceder también que un Bin Laden prisionero con traje a rayas se podría haber desinflado en lo político, tal como Abimael Guzmán, de Sendero Luminoso. Una lástima que no haya sucedido lo mismo con Guevara en 1967. No tendría en la actualidad los contornos legendarios un personaje que se alimentaba de un proyecto carnicero.