sábado 21 de noviembre de 2009

Nos disgusta la concertación.

La candidatura de Frei, y la de los otros dos, son
más de lo mismo, están hace 20 años en el poder.

Para ninguno de nuestros lectores, sean estos de género masculino o femenino, será difícil deducir por nuestros planteamientos que somos adversarios de la concertación, que nos disgusta su falta de honestidad, que nos molesta su incapacidad, que nos exaspera su desidia ni tampoco que nos exaspera su permanente odiosidad, y obviamente nos enfada es la injusticia que han institucionalizado.

Los 20 años se han caracterizado por los desvíos de dinero, por los sobresueldos, los onerosos proyectos fallidos, como el Transantiago, Ferrocarriles del Estado o el Puente del Chacao, el vergonzoso cuoteo de los cargos, la mala administración de los dineros y empresas públicas, una enorme publicidad, a todas luces engañosa, y una despiadada persecución a aquellos que debiron enfrentar el terrorismo fomentado por quienes hoy nos Gobiernan.

Hacen gárgaras con la democracia, y con las modificaciones que impliquen apernarse en el poder, la que han desfigurado usando maliciosamente el enorme poder del Ejecutivo, cercenando la independencia del Judicial, al que maneja por la vía del financiamiento y los ascensos, y pisoteando la representación popular de los Parlamentarios utilizando el expediente de la presión para que se alineen involuntariamente a las posiciones oficiales.

Este largo período los chilenos hemos sido testigos de la manera en que se han aumentado los presupuestos de educación y salud, sin que estos indispensables servicios hayan denotado mejoría alguna, en el caso de la seguridad pública visualizamos que el inmenso aporte de equipos y la inyección de recursos, entre ellos mayores dotaciones, ha sido esterilizado por Leyes permisivas y Jueces que dejan en libertad a quienes transgreden la Legislación vigente.

Nos lo han ofrecido todo en los “ofertones” publicitarios que han utilizado con el objetivo de lograr que votemos por ellos, para, una vez llegados a los cargos que les interesan olvidarse de sus promesas dejando a la ciudadanía en la estacada y habiéndonos robado los sueños que ellos mismos nos han hecho acariciar, llevando al país a un notable aumento de las brechas económicas, a salarios miserables, para los que tienen la suerte de tener trabajo, y a un desempleo sencillamente pavoroso.

Nos han intentado hacer creer que en estos cuatro períodos, muy largos en la memoria popular, las “instituciones funcionan”, en circunstancias que es evidente, a los ojos de cualesquier persona con los ojos abiertos y de mente amplia que es una falacia de nuestra Autoridades que solo han intentado recortarnos los espacios de libertad ciudadana.

Por estos motivos, y muchos más que están en la conciencia de la mayoría de los chilenos, votaremos contra la concertación, sean estos sus representantes directos o sus “tapados”, papel que cumplen el postulante independiente y el representante del partido comunista, que solo nos ofrecen más de lo mismo, cuando lo que el pueblo de chile lo que requiere es un cambio de mentalidad y gente con ideas nuevas en La Moneda
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viernes 20 de noviembre de 2009

Romper el círculo vicioso de la tele «light», por Juan Carlos Altamirano.





Me parece muy apropiado que el comando de Frei incluya en su programa la tarea de mejorar la calidad de la televisión. Es inédito que un tema de este tipo sea parte del programa de gobierno de un candidato presidencial. Por cierto, sería excelente que los otros candidatos también presentaran modelos alternativos para mejorar la televisión chilena. No obstante, es un avance que la Concertación reconozca tácitamente que no sólo la salud, la educación, la delincuencia, etc., son problemas pendientes que necesitan solución si deseamos mejorar la calidad de vida. Como dice el refrán, “no sólo de pan vive el hombre”.

Pero veamos los diferentes desafíos que presenta la propuesta mencionada. De partida, me imagino que pocas personas cuestionan la necesidad de contar con un canal de televisión abierta que tenga como misión, precisamente, no representar la cultura masiva y popular, ya expuesta suficientemente en la televisión actual. Me refiero a crear un canal que le permita al mundo intelectual y de las artes expresarse abiertamente; uno dedicado a poner en escena los debates públicos; que represente los gustos e intereses segmentados de las audiencias actuales; que permita la participación de sectores sociales hoy sin espacio en la televisión establecida.

El problema de fondo es quién financiará una televisión que no es comercial. Sin duda, el mercado actual no tiene la capacidad para invertir en nuevos canales. Por consiguiente, deberá ser el Estado quien subvencione este tipo de televisión, tratándose de un servicio publico directamente ligado a la vida de las personas y con efectos socioculturales de grandes magnitudes.

Sin embargo, sería negativo, a mi juicio, que el Estado subvencionara solamente una señal cultural bajo el amparo de Televisión Nacional, como lo plantea aparentemente el equipo de Frei. Como todos sabemos, los monopolios —privados o públicos— son negativos, especialmente cuando se trata de medios de comunicación; la calidad se garantiza cuando hay competencia entre medios con objetivos comunes. Por esta razón hay que garantizar que otros canales también tengan acceso al subsidio estatal. Por cierto, la condición para ser elegibles es que los proyectos de televisión tengan una misión de servicio público específico. A su vez, el Consejo Nacional de Televisión, como órgano independiente, debiera asignar esos recursos, y velar para que dichos canales cumplan cabalmente con los objetivos propuestos.

No obstante todo lo anterior, hay que enfrentar otro problema de fondo: no se saca nada con tener canales culturales si nadie los sintoniza. La pregunta, entonces, es la siguiente: ¿cómo hacer que el público demande y aprecie este tipo de contenidos? Para lograr este cambio en la demanda deben darse a lo menos tres condiciones. Primero, que exista el producto alternativo, vale decir, algún canal que ofrezca una programación distinta a la TV comercial. En segundo término, que la calidad del producto —la programación— sea realmente buena. En tercer lugar, y más complejo aun, generar el señalado cambio cultural en la demanda, tarea que no es fácil ni inmediata: en las encuestas, el público usualmente afirma desear más programas culturales, pero en los hechos terminan optando por la entretención light.

A mi juicio, dicho objetivo es posible a mediano plazo. Se debe comenzar desde la infancia, introduciendo la televisión educativa en las salas de clase. En este sentido, el uso de videos didácticos para apoyar a los profesores permite, por un lado, que los estudiantes entiendan y retengan con mayor facilidad las materias. Por otro, que los escolares se acostumbren a apreciar programas culturales y de calidad.

Dada la trascendencia que tiene la televisión en nuestras vidas y cultura, los contenidos de la tele debieran ser una materia de estudio tan importante como otras asignaturas. Así como el currículo escolar pone gran énfasis en enseñar química, biología, etc., con la misma intensidad se debiera enseñar a juzgar la televisión; aprender a apreciar la diversidad, al igual que los programas que son más complejos y de mayor calidad.

Recordemos que esos niños, cuando sean mayores, serán los que determinarán el rating y, por consiguiente, el tipo de televisión que dominará mañana. Es entonces a partir de la educación escolar que podremos romper el círculo vicioso de tener siempre una televisión homogénea, dominada por la diversión light.

jueves 19 de noviembre de 2009

Católico: animal político, por Gonzalo Rojas Sánchez.




El católico es, por historia y doctrina, un animal político.

Algunos no creyentes le reconocen esa calidad, pero querrían reducirlo a un perrito faldero, ojalá siempre inactivo y somnoliento. Otros, algo menos sutiles, le proponen que se convierta en ave migratoria y se marche a épocas medievales o a lejanos claustros.

No faltan, por su parte, los católicos que prefieren ellos mismos conformarse con demarcar territorio, autolimitando su influencia a uno que otro temita por aquí y una que otra peleíta por allá. También aparece de vez en cuando alguno que se cree legítimo depredador y que, con su intransigencia, va dejando el espanto en cada ocasión.

Si ninguno de esos es el verdadero animal político, ¿qué debe ser entonces un católico en la vida pública? Simplemente, un animal racional.

Racional, porque cuenta —para servir al bien común— con todas las razones e instituciones que griegos y romanos, judíos y germanos le han aportado al cristianismo y que éste, como nadie, ha sabido articular y elevar. Suyas son, por lo tanto, las razones de la historia, y no debe tener miedo alguno de ir a disputarles ahí la racionalidad a quienes pretenden adjudicársela en exclusiva y en excluyente.

Que otros se queden con sus historietas. El católico, de frente, que argumente con las razones de la historia, que por algo desde su religión se ha hecho Occidente.

Racional, porque entiende —para servir a todos sus semejantes— que la naturaleza de las cosas habla de modo muy sabio y elocuente, pero que en todo lo accidental la diversidad es parte de la esencia misma de la racionalidad y que, por lo tanto, en esas materias la fe no aporta soluciones concretas, sino que sólo alumbra y chequea a través de una conciencia bien formada.

Que otros se queden con sus dogmatismos, con sus ideologías cerradas e intransables. El católico, de frente, que defienda toda diversidad legítima, sin clericalismos monocromáticos ni claudicaciones disolventes.

La suya es la tarea más propiamente racional: la de articular, la de ponderar, la de abrirse a lo trascendente para después contraerse a lo contingente, en acordeón continuo. A nadie se le pide más; nadie está capacitado para dar más.

Racional, porque propone —para hacerse cargo de los sufrimientos de todos, piensen como piensen— las soluciones más humanas, más dignas, más duraderas, más constructivas. Las soluciones de auténtico progreso humano, no las del progresismo ideológico. Cómo darle a un niño en gestación un hogar; no cómo ayudar a su madre a lanzarlo con eficacia a un basurero.

Ah… si hubiera un contingente numeroso de estos verdaderos animales políticos en el Chile de hoy. Otro nivel tendrían las disputas sobre vida y familia, sobre droga y sexualidad, sobre participación y exclusión, sobre espacio público y dominio privado, sobre vida y libertad.

Eso fueron Manuel José Yrarrázaval y Jaime Eyzaguirre, Bernardo Leighton y Narciso Irureta, Jaime Guzmán y Gonzalo Vial: libres articuladores racionales que actuaron desde la fe en Jesucristo y en su Iglesia; en lo esencial, de acuerdo; en lo accidental, cada uno para su santo. Nada de preguntarle al obispo qué hay que hacer en la materia concreta, pero jamás olvidarse de un magisterio experto en humanidad.

Hoy quedan pocos como ellos, aunque muy valientes, eso sí. Algunos están en la política (por contraste con aquellos que en la DC y en la UDI ya claudicaron); otros perseveran en las comunicaciones; muchos razonan en la enseñanza.

El problema son los demás, esos católicos errantes, esos que por ahora se pasean como animalitos vagabundos por las calles de su polis, sin mayor interés ni compromiso. ¿Sobrevivirán?

miércoles 18 de noviembre de 2009

Un cuento de hadas titulado Michelle Bachelet.

Por Paul Walder (Chile)

Michelle Bachelet termina su administración con una marca histórica que trasciende su género: es la jefa y/o jefe de Estado chilena con el mayor índice de aprobación: ochenta por ciento, dice Adimark. Un registro estadístico que intenta convertirse en uno político. Porque el universo estadístico y aritmético corre en una pista paralela a la complejidad de los universos políticos. Mundos sólo relacionados en la apariencia.
La presidenta exhibe este sello numeral con la máxima calificación, que se traduce como apoyo ciudadano. Pero un ochenta por ciento de popularidad no puede interpretarse simplemente como apoyo político: ha de ser clamor, deleite, idolatría, furor. Es un exceso que debiera estar a un paso del culto a la personalidad, del delirio sociopolítico. Tal vez ni una Eva Perón, que desataba fruición y pasión, consiguió tener el apoyo que hoy tiene Bachelet.

Las encuestas son pura estadística. Intentan medir, traducir un clima de opinión. Intentan reflejar la mirada ciudadana hacia sus gobernantes. Es posible que aquí no exista truco, porque la trampa está en otra parte. No en el método de recolección del clima político, sino en las herramientas para su siembra. Porque Bachelet, la que detenta estas máximas calificaciones, superando a todos los líderes políticos de nuestra historia, “y probablemente del mundo”, dice Adimark, es también la misma que hoy dirige un gobierno que se enfrenta a conflictos sociales en varios y bien extensos frentes: la mayor represión y persecución hacia el pueblo mapuche registrada en la historia reciente y malestar acumulativo entre otros grupos, como los profesores, los empleados públicos, los deudores habitaciones, los trabajadores portuarios, entre varios otros.

La respuesta al increíble ochenta por ciento de apoyo hay que buscarlo por otra parte. Está en la creación de este clima, que no es ni pasión, ni amor, ni afecto. Un tremendo apoyo, que surge también del desinterés, de la abulia, fragmentación social, de la nula participación ciudadana. Es un apoyo que se entrega desde el sofá que enfrenta la pantalla de la televisión. Bachelet es campeona de las estadísticas porque la televisión y los medios lo dicen.

Un fenómeno similar sucede con su ministro estrella, Andrés Velasco. El ministro mejor calificado en las encuestas (un 74 por ciento, según Adimark) es el responsable, directa o indirectamente, del millón de desempleados y otras penurias socioeconómicas. Y es hoy la bestia negra de los cientos de miles de profesores y empleados fiscales. Durante la negociación entre la Anef y Hacienda, el presidente de la agrupación de los trabajadores públicos, Raúl de la Puente, dijo que nunca, en toda su historia de dirigente gremial, había tratado con un ministro tan distante, duro y persistente en sus argumentos. ¡Pero a Velasco lo aman! No los ciudadanos, sino los medios.

El triunfo estadístico de Bachelet hay que buscarlo en fenómenos similares. Está más relacionado con el éxito, también estadístico, de la teleserie Dónde está Elisa que con un fenómeno político. Bachelet rompe récord histórico de aprobación, que es también rating o sintonía, en un país que también detenta otra marca histórica: nunca había habido tanto desinterés por la política, nunca menos inscritos en los libros electorales, nunca tanto rechazo a la actividad de los políticos.

A Michelle Bachelet debiera amarla la ciudadanía, debiera desatar pasiones, movilizar a multitudes. Pero sabemos que nada de aquello es real, que ni los expertos en marketing de la Moneda se lo creen. Lo que miden esas estadísticas es la muerte de la participación ciudadana, la corrupta vigencia del sistema binominal, la falta de representación política. Lo que reflejan las encuestas es el poder y los intereses del duopolio de la prensa escrita y la obsesión por la liviandad y la farándula de la televisión. No es otra cosa que el mantenimiento del statu-quo por la concentrada maquinaria empresarial-política-mediática.
Las encuestas han pasado a ser como el people-meter de la televisión.

Son estadísticas sobre la capacidad comunicacional de La Moneda y sus estrategias de penetración en los intereses del duopolio de la prensa escrita. Son estadísticas sobre las estrategias del mismo poder hacia una población pasiva, apática, moldeable. Son el efecto de las herramientas para crear opinión, que es ficción mediante argumentaciones falsas, como lo vemos cada día en las omisiones de la prensa, en el sesgo editorial de los conflictos laborales “que perjudican al usuario”, en los cada vez vergonzosos montajes comunicacionales contra el pueblo mapuche, los que responden más a criterios propios de una sociedad sin libertad de expresión, a una dictadura encubierta, que a una democracia. Por todo ello, no hay pudor al acusar a las comunidades mapuches de usar a sus niños como escudos humanos, denuncia que El Mercurio amplificó con gozo en portada: “Dura acusación del gobierno: dirigentes mapuches usan a niños y mujeres como escudos”. Entre este montaje –desarmado por varios analistas honestos- y aquel otro, reproducido en un ominoso titular de La Segunda durante la dictadura que decía “Los mataron como ratas” hay sólo una diferencia de matices.
Bachelet está fuera de todo conflicto. Es sólo número y apariencia. Es una ficción. El mundo es de otros.

Sábado, 14 de noviembre de 2009

(Tomado de Piensa Chile)


Nota de la Redacción:
Hemos tomado este análisis de Piensa Chile por considerar que estudia de manera fría el fenómeno de la popularidad de Michelle Bachelet y aunque no coincidimos completamente con las observaciones del articulista, creemos que en los aspectos contingentes tiene una apreciable cercanía con la realidad.

martes 17 de noviembre de 2009

Una nota para meditar.....

¿ Estamos dispuestos ?

Quienes manifiestan su preocupación por lo que esta pasando en el mundo, por lo que nos ocurre como sociedad, siempre corren el riesgo de caer en excesos de diagnóstico y convertirse en meros relatores del presente.

La desazón, la impotencia, la resignación aparecen así como si todo estuviera perdido y cada círculo vicioso fuera eternamente interminable.

En algunos casos, efectivamente, solo se trata de meros detractores de lo que nos pasa. Gente capaz de describir lo que sucede, pero absolutamente inhábil para el diseño de una construcción que incluya, al menos, los pilares básicos para la reconstrucción.

En otros casos, los que lo dicen, hacen algo más que verbalizarlo. Con aciertos y errores, intentan esfuerzos en su “metro cuadrado” para mejorar su ámbito más cercano. Por insuficiente que parezca, al menos, ellos alinean discurso y acción. No es poco.

En estos tiempos es frecuente escuchar frases, tales como “la queja no es suficiente”, “es muy fácil criticar” o “nadie propone soluciones”. Y lo mas grave, es que esos lugares comunes, tienen bastante de asidero.

Por otra parte, resulta razonable que muchos hayan alcanzado su máximo punto de saturación. Es que son demasiados los que dicen “BASTA”. Afirman con convicción que no quieren reiterar su presente y mucho menos proyectar ese futuro que les propone poco.

Pero la cuestión de fondo es aún mas profunda. Quienes dicen sentirse superados por la situación, llegan también a estar molestos con los relatores que solo recitan diagnósticos y críticas, aunque estas estén parcialmente ajustadas a la realidad en más o en menos, porque las consideran inconducentes, irrelevantes.

Bajo esos supuestos, cabe preguntarse, Si eventualmente alguien, o algunos, propusieran, o tímidamente, sugirieran un recorrido posible, ¿ Qué estamos dispuestos a hacer ?. Y es que esta cuestión aparece, porque muchas veces, todo hace pensar que el problema pasa solo por fallas diagnósticas, o hasta por ausencia de ideas. Y es posible que eso fuera así, en alguna medida. Sin embargo ¿ Qué sucede cuando alguien propone algo concreto, audaz, específico, una lucha por un derecho legítimo ?.

Entonces surge, necesariamente, la pregunta ¿ Realmente queremos saber que debemos hacer para cambiar el curso del presente ?. ¿ Nos interesa en serio modificarlo, o solo se trata de otro formato de la queja simplista, de un recurso retórico ?.

Es que la ausencia de ideas, de propuestas, de caminos alternativos resulta excesivamente confortable. No requiere sacrificio. Solo conversaciones de café, insignificantes y superficiales, que solo consiguen socavar las pocas convicciones que les quedan a algunos.

Los problemas que enfrenta la humanidad, el continente, nuestro país y cada una de sus ciudades, son complejos, al menEntradaos los más de ellos, sobre todo los mas significativos. Requieren de dedicación, inteligencia, una eficiente asignación de recursos y esa sincronizada convicción popular que sea capaz de sostenerse en el tiempo.

Algunos dirán que las soluciones son simples. Probablemente lo sean, para temas secundarios o menores. Pero la pobreza, la inseguridad, la decadencia de los valores, la república perdida, la democracia imperfecta, los indispensables contrapesos del sistema, precisan de soluciones, que las más de las veces son difíciles. Suponen no solo mucha tarea, sino de una coordinación absoluta que resuelva cada una de las aristas de esa innumerable nómina de componentes parciales de la problemática abordada.

Ninguno de esos flagelos se resuelve con un chasquido. Hace falta bastante más que genialidades e iluminados para eso. Lo que incluye, claro está, un diagnóstico que nos encuentre mayoritariamente encolumnados en una interpretación ideológica afinada. De lo contrario solo aplicaremos paños fríos a nuestro enfermo que agoniza. Los problemas son complejos, las soluciones no solo lo serán, sino que además, si aspiramos a superarlos, nos encontrará en el camino, con la necesidad de revisar si estamos haciendo lo correcto casi en forma permanente.

Y entonces, vuelve irremediablemente la pregunta original. ¿ Estamos dispuestos ?. ¿ Hemos tomado la decisión previa de saber que el proceso tiene un costo ? ¿ Qué ese costo como individuos, supone esfuerzos, recursos económicos y de los otros ? ¿ Qué, en el camino, las cosas que salgan mal implicaran pérdidas importantes ? ¿ O es que acaso en este mundo algo se consigue sin esmero ?. ¿ Estamos dispuestos a abandonar los espacios de comodidad, los privilegios mal habidos, esos beneficios con los que nos endulzó el perverso sistema presente ?. ¿ O es que creemos que la lucha se trata de que otros hagan la tarea y nosotros solo aplaudamos de tanto en tanto ?.

Cambiar la historia, requiere de buenos diagnósticos, inteligentes soluciones, pero fundamentalmente precisa de brazos, del esfuerzo de gente dedicada y capaz de hacer de eso, una tarea literalmente “militante”, disciplinada, perseverante, consecuente y coherente con el resto de los valores individuales que esgrimimos a diario.

¿ Cuántos de nosotros estamos dispuestos a eso ? ¿ O es que ante la primera convocatoria para convertirnos en piezas claves de esta causa, aparecerán las excusas de siempre, esas que esgrimen los abúlicos, esas que funcionan como justificativos que explican que yo no puedo, pero que otro debe hacerlo por mi ?.

Formamos parte de una sociedad plagada de discursos desdoblados. Decimos una cosa y hacemos otra. Reclamamos que otros se ocupen de lo que nosotros debiéramos y nos enojamos con el sistema por nuestras propias torpezas y decisiones equivocadas.

El relato del presente sirve. También es cierto que no alcanza. Pero antes de dar el siguiente paso, el de llenarnos la boca con lo que creemos que debemos hacer, sería bueno que revisáramos con absoluta honestidad intelectual “que estamos dispuestos a hacer”. No sea cosa que esos que dicen VAMOS solo digan que no lo hacen porque no saben que hacer, cuando en realidad esconden algo mas elemental, mas básico, mas primitivo. No están dispuestos. No importa el plan, no es relevante la idea. Su preocupación solo llega hasta allí. Después de todo, si el plan existiera, deberían finalmente demostrar que su discurso era consistente y que realmente estaban dispuestos a todo. ¿ Será así ? ¿ Realmente faltan orientadores, esos que nos digan hacia donde ir y como hacerlo ? Pareciera que antes de eso debiéramos poder contestar a la pregunta original, esa que define cuanto esfuerzo personal, individual e intransferible creemos estar en condiciones de ofrecer. ¿ Estamos dispuestos ?

Alberto Medina Méndez

Corrientes-Corrientes-Argentina.

viernes 13 de noviembre de 2009

El oráculo habló. CEPa lo que dijo, por Sergio Melnick.




Hay mucho más que sólo números electorales en la encuesta. Por ejemplo, casi un tercio de la población chilena considera aceptable la dictadura en ciertas condiciones, o le da igual la democracia o autoritarismo. A un 60% no le interesa la política. Un 70% dice que no se puede confiar en las personas. ¡Qué fuerte!

Carabineros y las FF.AA. son las instituciones más confiables y respetadas, mientras que el Congreso, los tribunales, y partidos políticos, las menos respetadas. Al presidente de la DC y al presidente de la Cámara de Diputados los conocen menos de la mitad de la población. Mal por ellos, pero ¿con qué criterios opina entonces la población?

Es una voz de advertencia a la democracia, que no se debe dejar pasar.

Las grandes encuestas son curiosas. Sólo un tercio de los encuestados dice que la mala situación económica es producto de la crisis económica mundial. Casi un 50% lo atribuye al mal manejo económico del gobierno; sin embargo, la popularidad de Velasco sube

¿Quién lo puede entender? Todos alaban hoy a Velasco, pero le rechazan los proyectos en el Congreso. En esta semana, además, se han entregado las cifras de productividad de la economía y ésta ha caído sistemáticamente durante toda la gestión Bachelet-Velasco. Así mismo ocurrió con el crecimiento, que es el más bajo de los últimos 4 gobiernos. En paralelo, el gasto público creció aceleradamente durante esos 4 años.

¿Dónde estaba el piloto?

La Presidenta aumenta su popularidad, mientras visita el Asia con su madre, el sector público está paralizado, los maestros en huelga, las becas han sido mal otorgadas, la CONADI paralizada, algunos hospitales en crisis, 500.000 personas incumplidas en el Auge, el SENAME no funciona, y tantas otras cosas de la mala gestión.

Sólo en noviembre del 2008 el 73% de la población percibía que Bachelet era débil frente a las presiones. Ahora el 70% cree que es firme. En noviembre del 2008 el 70% decía que la Presidenta no tenía destreza ni habilidad, ahora el 70% dice que la tiene. ¿Será esto realmente coherente?
Las curiosidades siguen. Piñera es percibido como muy de derecha, Frei de centro izquierda, y curiosamente, MEO como más de centro que Frei. ¿Será correcto?

Piñera votó por el no y dice que va a invitar personas de la Concertación a su gobierno. Frei es DC, es inversionista, privatizador, partidario de las grandes represas, y hasta cerró el carbón. MEO, sin embargo, pertenece de corazón al Partido Socialista, y en varias cosas defiende a Cuba y a Chávez. Esos son los hechos, otras las percepciones.

Más de la mitad de los chilenos cree que Piñera será el Presidente, y sólo un cuarto cree que Frei. ¿Será una profecía autocumplida?

A la hora de evaluar la capacidad de resolver los problemas concretos como salud, delincuencia, inflación, educación, transporte público, desempleo, Piñera prácticamente duplica a Frei, literalmente en TODOS ellos. Duro golpe al ego del ex Mandatario.

En la votación, lo más relevante es el crecimiento de MEO, básicamente un 46% desde mayo/junio; es decir, casi un 9% por mes. Dependiendo del efecto de la franja, que asumo será favorable a MEO, y asumiendo que cada punto adicional de crecimiento es cada vez más difícil, MEO podría crecer 1 ó 2 puntos más, y llegar a 22 ó 23%.

Frei, por su lado, cayó un poco más del 7% desde la última encuesta y más de un 13% desde junio. Es decir, viene cayendo sistemáticamente. Si mantiene esa tendencia, que es poco probable, podría bajar otros dos puntos y terminar en 24%. La cosa entonces está muy re’ difícil para MEO, pero peor aún para Frei, ya que la misma encuesta y otras indican que MEO es más competitivo que Frei en la segunda vuelta. ¡Qué paradoja tan cruel para la Concertación! Si me clavas el puñal, me matas; si me lo sacas, me muero. No tiene muchas posibilidades reales; la Concertación está sangrando por dentro.

En síntesis, el oráculo habló, pero en voz baja. Piñera lleva la delantera muy clara, la carrera está casi ganada, pero debe pasar por la meta. Los chilenos son tremendamente cambiantes y poco coherentes. Hace 12 meses despreciaban a la Presidenta y más aun a Velasco; ahora los aman; mañana nadie sabe. A Lagos le pasó al revés. MEO era hijo regalón de la Concertación; ahora destroza su unidad.

jueves 12 de noviembre de 2009




¿Quién pagará por la derrota?,
por Gonzalo Rojas Sánchez.

A diferencia de las parlamentarias, en las presidenciales sólo gana uno.

Tres serán finalmente los derrotados al terminar la segunda vuelta. Es inexorable. Y frente a los malos resultados, en la política no queda espacio sólo para lamentarse y cerrar el tema. La costumbre de los equipos electorales indica que si se está involucrado en la campaña de un candidato perdedor, el mismo día de la derrota hay que salir de inmediato a denunciar a los responsables de la debacle. No vaya a ser que el postulante fracasado pida tu cabeza, sin que tengas un chivo de mejor calidad para ofrecérselo en holocausto.

Cuatro son los candidatos, pero sólo dos comenzarán pronto a seleccionar a los posibles responsables de una derrota. Es lo que irá sucediendo —en nocturnidad, pero día a día con mayor intensidad— en los comandos de Piñera y de Frei ante la eventualidad de un fracaso.

Arrate no tiene para qué preocuparse. En su caso, el mejor y el peor resultado son exactamente el mismo: cuarto y con un dígito de las preferencias. Nadie será acusado y ningún anatema pronunciado, porque la estrategia para la segunda vuelta sugiere dar y pedir cariñitos a los amigotes de siempre.

Para Enríquez-Ominami, la pésima noticia sería ser tercero y con el 20 por ciento de los sufragios; o sea, un resultado grandioso para un diputado joven, inexperto, sin equipos y disfuncional al sentido común. Gracias a ese caudal de votos, en el contexto de una campaña en la que caben todos y de cualquier modo, sucederá lo mismo: ningún partidario será perseguido ni ajusticiado, porque no habrá cuentas que pagar.

Pero, uyuyuy: ¿cómo te explican la derrota si punteaste por años, si en todas las encuestas te dieron por ganador amplio, si contaste con una Alianza nunca antes tan unida (e incluso ampliada), si además inyectaste dineros más que suficientes para que te conocieran hasta los cuidadores de los faros australes?

Para un Piñera sensato, los responsables de un eventual escenario dramático en enero debieran ser los que hoy están muy cerca de él, en su propio comando, en las estructuras territoriales y comunicacionales, en sus asesores de apertura al liberalismo moral y cultural, en los que lo hicieron perder credibilidad, sin lograr que ganara votos. Pero justamente porque el cosquilleo de la derrota podría estarse instalando en esos mismos estómagos, si Piñera pierde en enero, recibirá otro mensaje, una coartada proveniente del riñón del comando: la culpa no fue de nosotros, le dirán; fueron ellos, los fundamentalistas, los integristas, los intransigentes. Sí, es cierto que les dimos duro y sin tregua, pero no supieron agachar la cabeza; sí, ellos fueron.

Y, ayayay si fuiste Presidente de la República, si contaste con todo el aparato gubernamental formado en cuña a tus espaldas y atacando durante meses por todos los flancos, si dispusiste de más minutos y centímetros que nadie… pero, o no pasaste a segunda vuelta o perdiste en esa instancia decisiva.

¿A quiénes te podrían entregar como culpables, Eduardo Frei? Ciertamente, el candidato de la Concertación recibirá más y mejores explicaciones de sus colaboradores que la maniquea razón que puedan esgrimirle a Piñera. A Frei le dirán que los partidos se involucraron mucho (o poco); que el asesor italiano era mejor que el otro; que los ministros en terreno hicieron su trabajo, pero la Contraloría los molestó mucho; hasta la Presidenta —le dirá alguno— falló en la transmisión de su popularidad.

Ésa es la ventaja que exhiben hoy los comandos de Arrate y de Enríquez-Ominami: se pueden dedicar a trabajar sólo para mejorar; en los otros dos, ya se comienza a pensar también en cómo sobrevivir.

Nota de la Redacción:
Admiramos y respetamos al profesor Gonzalo Rojas, esperamos que se equivoque en sus análisis y que Piñera sea el próximo Presidente de la República, lo esperamos por los chilenos que tenemos una única oportunidad de deshacernos de la corruptela y la incapacidad concertacionista.