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miércoles, 30 de noviembre de 2011




El siglo del Dragón: ¿qué nos dice?,
por Joaquín Fermandois.




El siglo XXI será el siglo de China. Así como la pasada centuria fue el "siglo (norte)americano" -siguiendo un famoso título de Henry Luce en 1941-, ahora el impacto de una China exitosa en el metro más apetecido, el económico, y segura de sí misma en lo político, se iría a imponer con pretensiones hegemónicas en un desafío de tú a tú frente a Washington. Al tenor de lo que se dice, pareciera que este avance es imparable, y la crisis actual le da un aire de credibilidad a la profecía.



Hay que poner las cosas en su lugar. Que el futuro pertenece a China se viene diciendo desde el siglo XVIII. No cabe duda de que a partir de las reformas de 1978 se desplegó un prodigio de desarrollo económico (eso sí, con paralelos y anticipaciones en el mundo confuciano de Asia oriental, empezando por Japón en el XIX) que tiene asombrado al mundo, en una combinación de sistema político autoritario y economía de mercado que significó una voltereta del Partido Comunista. En los hechos, éste pasó a preconizar la bandera de los nacionalistas derrotados en 1949, ya que en la época de Mao poco y nada había pasado en lo económico (salvo expropiar y ejecutar). Parte de este "milagro" se debe a que sus planificadores, además de abrir gradualmente sus puertas a la inversión externa, pusieron su confianza en desatar la creatividad empresarial de los chinos. Lo han logrado. Por lo demás (al igual que sus congéneres de la región), nada se hubiese alcanzado sin la integración a la economía mundial.



¿Se halla esta nueva China provista de una tendencia hegemónica? En la práctica, es EE.UU. quien tiene rodeada a China de bases militares; no es China la que mantiene un portaaviones en las cercanías de Pearl Harbor o San Diego. Como la realidad es enrevesada, hay que añadir que no es pura prepotencia estadounidense, sino que también son los países asiáticos -entre ellos antiguos enemigos y críticos de Washington: Japón, India, Vietnam- los que imploran la presencia militar de Estados Unidos. Y por más que este último país se encamine a un crepúsculo, los historiadores llamamos a estos cambios "procesos", es decir, son transformaciones de muy largo plazo, aunque la clase política estadounidense pareciera empeñada en acelerarlo.



Mucho depende de una convergencia o de un distanciamiento de China de los valores políticos de la democracia y del Estado de Derecho. Se sabe que la tendencia es que las democracias no van a la guerra entre sí (no es regla infalible), de manera que la percepción de amenaza entre Washington y Beijing disminuiría si existiera una evolución china en ese sentido. No se divisa, y al sistema le ha ido bien con la fórmula autoritaria, poscomunista, conservando el nombre de Partido Comunista por asunto de nomenclatura. Desvaída toda clase de rivalidad ideológica, resta la desconfianza, que es sutil y penetrante, difícil de extirpar, y que ni la interrelación económica puede aminorar, ya que la política no es la economía.



Pensando en Chile y América Latina, ¿en qué nos interpela el gigante asiático? En su desarrollo económico desde luego. Primero, porque China en tres décadas ha sido sistemática al vincular el desarrollo social con el crecimiento económico, de modo de no estirar el pescuezo a la gallina de los huevos de oro. Segundo, por una combinación de autodisciplina, creatividad dispersa en la población y, sobre todo, capacidad para producir bienes que tengan un estándar universal de calidad y sean competitivos en precios, lo que no se logra sin una predisposición a educarse de manera incesante y a exigirse calidad. Son dos elementos que en general han sido cuellos de botella en nuestros países.

martes, 29 de noviembre de 2011

El fin de las listas de espera AUGE, por Cristina Bitar.




El fin de las listas de espera AUGE,
por Cristina Bitar.





Nadie duda de que las dos demandas sociales más anheladas por los chilenos son la mejoría de la educación y de la atención de salud. La primera ha sido, como es obvio, el gran tema del año en el país y probablemente lo siga siendo por mucho tiempo más. Tal vez sea por eso que el anuncio hecho por el Presidente de la República y el ministro de Salud, en el sentido de que se había puesto fin a las listas de espera en las patologías AUGE, no provocó el impacto que debiera haber tenido.



Creo que se justifica sobradamente hacer algunas reflexiones sobre este anuncio. El establecimiento de un listado de patologías que son objeto de garantía explícita de atención colocó a Chile a la vanguardia en materia de salud pública y significó un avance enorme, que tuvo, además, la virtud de combinar y potenciar al sector público con el privado. Desde que se estableció esta política pública, año a año el Ministerio de Salud evalúa la incorporación de nuevas patologías al listado y a más personas se les reconoce el derecho a una atención de salud digna frente a dolencias graves.



Por décadas, la capacidad hospitalaria de nuestro país ha sido claramente insuficiente, de forma tal que el acceso a la salud ha estado bastante divorciado entre la teoría y la realidad. Las listas de espera han sido un mal endémico de nuestro sistema de salud pública. Imposible no recordar que, hace aproximadamente diez años (tal vez un poco más), el Presidente Lagos encargó frente a todo el país a su ministra del área, Michelle Bachelet, terminar con las listas de espera en un plazo de tres meses. La ministra no cumplió con el encargo, pero el país no la criticó por ello, pues era imposible solucionar en tres meses lo que venía ocurriendo desde hacía décadas. Por eso, aunque esté acotado a las patologías AUGE, el haber terminado con estas listas de espera y poder decir como país que, dentro del listado de enfermedades más graves y comunes, los chilenos, sin importar su condición socioeconómica, tienen atención oportuna y económicamente accesible, es un salto gigantesco al desarrollo.



En la última presidencial, se hizo una verdadera campaña del terror en el sentido de que si ganaba la Coalición por el Cambio se terminarían los programas sociales. Se hablaba entonces de la red social y que ella estaba amenazada si ganaba el candidato Piñera. La campaña del terror no surtió efecto, pero hoy es gratificante comprobar que nada de ello ocurrió y que en el gobierno del Presidente Piñera la red social se ha fortalecido enormemente. Posnatal, eliminación del 7% para los jubilados, ingreso ético familiar, incremento histórico de las becas y créditos para la educación superior y ahora el fin de las listas de espera AUGE, son una demostración incuestionable de la continuidad, perfeccionamiento y profundización de las políticas sociales en un gobierno de centroderecha.



Esto nos habla de un país maduro. Hace más de veinte años, cuando la centroizquierda llegó al gobierno, tuvo la madurez y la visión de dar continuidad a un modelo de desarrollo fundado en la economía social de mercado. Esa continuidad es la que nos colocó a las puertas del desarrollo.



Ahora ha sido la centroderecha la que ha tenido la madurez y el pragmatismo de dar continuidad a las políticas sociales, lo que nos llevará a ser una sociedad más integrada y con mayor grado de igualdad de oportunidades. Es verdad que aún tenemos grandes problemas, que la desigualdad sigue siendo enorme, pero el Presidente Piñera y el ministro Mañalich nos han dado una gran noticia. Vale la pena destacarlo y no dejar de escuchar las cosas buenas que se están logrando.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Una Prensa Vergonzosa, por Mario Montes.



Una Prensa Vergonzosa,
por Mario Montes.



Con desagrado, desencanto y una cierta dosis de asco hemos visto como todos los medios de comunicación, pareciera que concertadamente, han tratado de desfigurar los incidentes producidos el día  lunes en el Estadio Providencia, donde turbas marxistas intentaron silenciar a quienes tenemos una visión diferente de la que consideramos una falsificación de nuestra historia reciente.



Con una audacia increíble trataron de cargar la responsabilidad por los actos de violencia en los organizadores del homenaje al Brigadier (r) Miguel Krassnoff, otros simplemente aferraron a las condenas de que ha sido objeto para descalificar el acto, aunque la razón indique que la verdad “jurídica” es una falsedad absoluta.



Ninguno de estos medios informativos pareció constatar que la “funa” es una acción violentista, frecuentemente utilizada por los extremistas para intimidar a quienes tienen posiciones contrarias a las de ellos, y para desprestigiar los pensamientos de sus adversarios, intentando paralizar a aquellos que tienen una mirada distinta.



Tampoco parecen haberse percatado los señores de la prensa, sea esta escrita, hablada o de televisión, que nuestros derechos a la libertad de reunión, opinión, movimiento y de pensamiento están siendo alevosamente pisoteados por un puñado de gritones que son muy valientes como manada, pero muy cobardes individualmente.



Pocos parecen haber visto como se agredió brutalmente a ancianos y ancianas, absolutamente indefensos, mientras a aquellos que estaban en capacidad de defenderse simplemente les llenaron de insultos y de invectivas grotescas, tampoco parecen haberse dado cuenta que trataron de ingresar al recinto para hacer una carnicería.



Con situaciones como estas es que se ha construido la “verdad oficial” sobre lo que sucedió en el Gobierno Militar, época en la que parecen haber olvidado que había una guerra interna, lo que se demuestra con las víctimas existentes en los dos bandos en lucha y también parecen actuar como amnésicos con los brutales hechos de terrorismo de la época.



Hoy, falsificación de por medio, parece entenderse que Pinochet y los Uniformados un días despertaron mal y decidieron salir a matar a sus adversarios, lo que junto con ser una mentira grotesca, pretenden amilanar a quienes sostenemos que el Gobierno de reconstrucción nacional de las FFAA y de Orden es la mejor administración que ha tenido Chile en su historia.



Queremos notificar a los falsarios de la prensa, a los plumarios que se venden al mejor postor, y a quienes pretenden mantener suculentos beneficios pecuniarios del Estado manteniendo una bufonada en reemplazo de la verdad histórica, que no estamos dispuestos a ceder en la lucha por la verdad, que no nos intimidan y que defenderemos con todo nuestras libertades.

sábado, 26 de noviembre de 2011

Nuestra mirada la situación nacional, por Mario montes.







The trouble with the world is that the stupid are cocksure and the intelligent are full of doubt”.


Traducción: "El problema de la humanidad es que los estúpidos están seguros de todo y los inteligentes están llenos de dudas."

Bertrand Russell, Matemático, filósofo y escritor británico,
Premio Nobel de Literatura en 1950.



A nuestro entender, Bertrand Arthur William Russell, 3er Conde de Russell, fallecido en el año 1970, describe a la perfección la situación que estamos viviendo en el Chile actual, esos que nada saben pretender dar clases al resto del país de lo que debe hacerse, mientras los científicos, técnicos,  profesores y políticos, se debaten entre sus convicciones, las tremendas dudas que les aquejan y la cobardía para enfrentar la grita callejera.
 


No resulta comprensible, sin la explicación que nos da Russell, que el Gobierno tecnócrata de Piñera este de rodillas ante estudiantes, que nada saben de docencia, y ante la peor calaña de los profesores, esos que prefieren su ignorancia supina antes que atreverse a ser sometidos a evaluaciones ó a sindicatos que han abdicado a su obligación de defender a sus afiliados para privilegiar sus propias carreras políticas o a sus tiendas partidarias.
 


Tampoco resulta fácil entender que la oposición se encuentre entrampada entre aquello que no hicieron en 20 años, seguramente porque era imposible, y que ahora, haciéndose eco demagógica y oportunistamente de las peticiones del “movimiento social”, pretende exigir al Gobierno de Sebastián Piñera que los solucione en los menos de dos años que lleva desde que llegó a la Presidencia de la República.
 


Creemos que el camino que está tomando nuestro país es de extremo peligro, sobre todo si consideramos la inconsciencia con que algunos la están llevando a situaciones límite, como sucedió en la década del 70 del siglo pasado, que pueden terminar arrasando con la institucionalidad,  haciendo que el pueblo chileno pague nuevamente la cuenta de su irresponsabilidad y de una farra a la que no lo han invitado  ni a las “migajas”.
 


Consideramos que ha llegado la hora de restaurar las cosas a su lugar lógico, que los que saben sean los que dirijan las modificaciones a los sistemas de enseñanza y salud, que sin duda son indispensables, y que se deje de premiar a “holgazanes” intelectuales que creen que toda la problemática de la sociedad puede ser solucionada con la repetición de eslóganes, que por muy bonitos y rimantes que sean no llevan más que a la anarquía.
 


Estamos ciertos que el Poder Ejecutivo, junto con el Legislativo, deben llegar a acuerdo serios y realizables que permitan solucionar los problemas que agobian a la sociedad, además de proveer al país de leyes que sancionen drásticamente a la delincuencia, las que deberán ser aplicadas de manera justa por el Poder Judicial, so pena de un estallido social que hará pagar a inocentes y culpables de la mantención de injusticias evidentes.

viernes, 25 de noviembre de 2011

La des-Concertación nacional, por Sergio Melnick.



La des-Concertación nacional,
por Sergio Melnick




He comentado en otras oportunidades la importancia de que la Concertación sea un conglomerado fuerte y competitivo, así como también debería ser la Alianza. Pero la Concertación debe su existencia, en lo esencial, primero, a su causa contra Pinochet; al binominal después, y finalmente al ejercicio del poder y sus privilegios. No hay en realidad mucha afinidad ideológica entre sus partidos y, por lo que se ve, las diferencias se harán cada vez más radicales. Se aprecia con demasiada claridad en el horizonte la formación de un nuevo tipo de referente de izquierda, que empieza a renegar incluso de la obra de la Concertación. La DC, entonces, será puesta a prueba una vez más. Ese es el destino inefable de los partidos de centro, siempre presionados por las bandas y que deben saber ejercer el difícil arte del equilibrio. De hecho, el presupuesto de educación se resolverá gracias a la gestión de Andrés Zaldívar, que ha puesto cordura a la negociación.



El binominal, que aún mantiene unida a la Concertación, tiene sus bemoles, como todo sistema electoral, pero reúne más virtudes que defectos: ofrece gobernabilidad y empuja a todos hacia el centro, que es donde se producen los acuerdos que requieren las sociedades maduras. Sólo piensen un poco cómo sería la actual situación nacional sin binominal y, por ende, sin Concertación. 
 

Los resultados históricos muestran que su balance ha sido muy representativo electoralmente, y que su principal defecto es la falta de caras nuevas. Eso tiene fácil solución sin alterar el principio básico binominal. Se puede sacar la rama mala sin botar el árbol. Pero en Chile somos pendulares, porque nos dejamos seducir por las simplificaciones de los extremos.



Y los extremos, casi por definición, nunca llegan a acuerdos civilizados y terminan en la violencia. La gran fuerza que tuvo la Concertación estuvo dada, primero, porque su eje fue la DC, y segundo, porque se subieron a un carro societal institucionalmente sólido y que permitía crecer económicamente, la base de la lucha contra la pobreza. Al final de 20 años, la cosa cambió. En el camino, la DC perdió más de un millón de votos y dejó de ser el eje de esa coalición. Bachelet-Velasco tuvieron un resultado económico magro: gastaron como país en guerra, perdieron productividad año tras año, ¡hasta reventaron el equilibrio fiscal! y finalmente aumentó la pobreza. Por todo ello, generaron un ambiente de desconfianza de la clase política y de sensación de corrupción por múltiples incidentes y falta de controles.



Si miramos la revuelta estudiantil, sus políticas educacionales tampoco fueron muy exitosas a los ojos de los estudiantes, pero éstos a mi juicio se equivocan. En educación sí hubo progreso y cambios, y la Concertación ha sido extremadamente débil en su defensa. De hecho, se ha sumado al coro de descontento como si no hubiesen gobernado esos 20 años. Raya para la suma, perdieron la confianza de la población y tuvieron que salir del gobierno.



Perdieron así el poder, los privilegios y las lucas de éste, que era lo último que los sustentaba. Se des-concertaron, se dieron cuenta de que estaban desnudos de ideologías en común, que sus diferencias eran enormes. Más grave, se volvieron críticos de su propia gestión. Habiéndose entonces desvanecido las fuerzas que los unían, ahora, para volver al tan anhelado poder, necesitaban un conjunto nuevo de propuestas, de ideas, de visión de futuro común. Y eso es imposible. Trataron de cambiar hasta el nombre, pero es de lo poco que comparten. Se juntaron para hacer las bases de una reconstrucción ideológica, pero no pasó de un documentillo. Finalmente, su apoyo popular, si le creemos a las encuestas, no llega al 15%.



El pronóstico es difuso, pero no se ve cómo la Concertación se podrá mantener unida, lo que —reitero— es fundamental para el futuro del país. Sus líderes suenan a añejo, no dan la pasada a las nuevas generaciones, y la izquierda quiere imponer su agenda unilateralmente. El discurso se torna cada vez más agresivo. Ahora se aferran a una leve mayoría en el Congreso y desde ahí plantean una estrategia de obstrucción. No están proponiendo nada nuevo, están atrincherados. Las ideologías contra algo siempre terminan diluyéndose.



Son mejores las ideologías a favor de algo: más generosas, pueden crecer y evolucionar. Pareciera que el foco actual de la Concertación es tratar de que al Gobierno le vaya mal, y por ese camino, paradójicamente, les ha ido mal a ellos mismos. Una ley kármica universal.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Krassnoff, lecciones de nuestro pasado reciente, por Gonzalo Rojas Sánchez.


Krassnoff, lecciones de nuestro pasado reciente,
por Gonzalo Rojas Sánchez.



El caso Krassnoff vuelve a recordar la importancia de la historia reciente de Chile. Sépanlo, jóvenes: no podrán liberarse de las lecciones de nuestro pasado reciente. Recuérdenlo, adultos: fuimos los protagonistas y no podremos esquivar las consecuencias de nuestros actos.


Unos, vimos venir la marea revolucionaria; otros, por propia voluntad y convencidos de su legitimidad, la impulsaron.


¿Sabían éstos que iban a encontrar una fuerte oposición en gran parte de la sociedad chilena? Sí, pero no les importaba, porque su convicción ideológica era más fuerte que la realidad. Era el sí o sí de la enajenación revolucionaria.


¿Eran conscientes de que cuando quisieran imponer sus posturas violando toda la institucionalidad democrática iba a haber Fuerzas Armadas que se iban a resistir invocando el bien de Chile? Por supuesto: la resistencia de los blancos en Rusia, la de los nacionales en España, la de los coreanos y de los vietnamitas del sur, eran suficientes ejemplos de cómo los pueblos libres les piden a sus Fuerzas Armadas que los defiendan de la agresión totalitaria.


¿Comprendían que si perdían el primer combate tendrían que pasar a la clandestinidad y que en esa condición serían perseguidos sin tregua? Por supuesto, y estaban perfectamente preparados para esa circunstancia, sabiendo que por cada golpe terrorista recibirían un golpe represivo.


¿Conocían las técnicas para sobrevivir y golpear durante un período de férrea persecución? Así era, y eso posibilitó que mientras tenían numerosas bajas en su guerra subversiva, pudieran también asestar terribles golpes que costaron muchas vidas de civiles y uniformados.


¿Ignoraban la preparación de las Fuerzas Armadas para resistir a sus embates? De ninguna manera; sabían que en todo el continente eran miles los oficiales que rechazaban el marxismo y la guerrilla, y que se habían preparado para enfrentar esa amenaza. Quienes hoy son llamados "víctimas" conocían de sobra a su enemigo, al que querían victimizar. Y, por cierto, estaban dispuestos a morir matando.


¿Estaban seguros de poder ganar el combate que ya desde Chillán en 1967 habían planteado en términos de lucha armada? No, pero su voluntarismo era más fuerte que toda racionalidad. Tenían varios miles de hombres en armas -entre el PC, el PS, el MAPU y el MIR, casi 10 mil-, pero sólo los comunistas entendían que la correlación de fuerzas los llevaría a la derrota. De ahí su "No a la guerra civil", o sea, no todavía, porque no podemos ganarla aún.


Pero -sin duda se plantea el lector- éstas eran posturas sólo defendidas e impulsadas por esos grupúsculos de paramilitares que llevaron el proceso a sus extremos, mientras que los civiles militantes de los partidos de izquierda eran buenas gentes que sólo promovían un idealismo socialista democrático.


No. Todos estaban en la misma.


Unos desde dentro del aparato del Estado, intentando instrumentalizarlo para convertirlo en todopoderoso; otros, desde fuera, pero protegidos por él hasta que la Ley de Control de Armas los comenzó a arrinconar; y algunos, entrando y saliendo del Estado: en Investigaciones, y en el GAP, y en Indap, y en la Cora...


El caso Krassnoff le hace bien a Chile; impide que se imponga esa verdad orwelliana que incluso ya parece haberse instalado en La Moneda después de 20 años, sin que haya un mínimo de conciencia histórica, ni siquiera en ministros que trabajaron en comisiones legislativas para construir un nuevo país.


¿Hubo injusticias y abusos en Chile desde 1965 en adelante? Que contesten primero, respondiendo por sus propias acciones, quienes impulsaron una revolución a sangre y fuego que terminó abrasándolos.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Democracia, cuántos barbarismos se cometen en tu nombre.


Democracia, cuántos barbarismos
se cometen en tu nombre,
por Mario Montes, Director de Reacción Chilena.






Pareciera que en los últimos tiempos se ha confundido, especialmente por los grupos de extrema izquierda y por el Gobierno, encargado de proteger este bien público, la libertad con el libertinaje, lo que ha quedado claramente demostrado con los actos de violencia que han dejado estupefacta a la ciudadanía.



Algunos, que sostenemos son parte de un complot comunista para derribar a Piñera, del que forman parte algunas Federaciones de estudiantes afiliadas a la Confech, algunas de estudiantes secundarios y algunos sindicatos, todos dirigidos por gente roja, están imponiendo al país una lógica de griterío callejero y de presiones violentistas para imponer sus visiones.



Por su parte el Gobierno, con una mecánica incomprensible, trata de hacer gestos a sectores que le repudian, quizás con la ingenua pretensión de conquistar su apoyo, lo que ha quedado demostrado que es una quimera sin ninguna base considerando las advertencias previas de no dejarlo Gobernar y de negarle la sal y el agua.



Al medio, entre un Gobierno que ha sido ineficaz para controlar a los violentistas y un extremismo revolucionario, que ha dado señales claras de usar todos los elementos a su alcance para desestabilizar la institucionalidad, se encuentra una ciudadanía que siente que ya no existe poder alguno que la defienda de los latrocinios de los zurdos.



Los violentistas no están conformes con coartar varias veces a la semana la libertad de desplazamiento de los chilenos, bajo la consigna de protestas pacíficas que son usadas por los seguidores de los convocantes para desatar la destrucción y el odio, ahora, como lo vimos la noche del lunes aspiran a  impedir la libertad de pensamiento, reunión y la libre expresión.



Ya para muchos de quienes apoyaron a la derecha para sacar a la corrupta e ineficiente concertación están pensando que se equivocaron y que con sus votos solo lograron elevar al poder a una versión, con muy pocas deferencias con los concertados, quinta de los Gobiernos de esa extraña entelequia democristiana, socialista, radical, muy enlazada a los comunistas.



La similitud de la situación actual con aquella que provocó el quiebre institucional es evidente, se desprestigia a las instituciones, florece la demagogia, nada es respetado, la intolerancia crece, la Ley es un simple papel que por mala aplicación de la Justicia o leyes mal concebidas mantiene entre rejas a los chilenos honestos y trabajadores y da la libertad a los delincuentes.



Creemos, que de no reaccionar prontamente, el Gobierno del Presidente Sebastián Piñera, al que con nuestros votos contribuimos a elegir, se quedará absolutamente solo, y lamentablemente pasará a la historia como el que abrió las puertas al libertinaje, y lo que es más grave, vemos que la Administración sigue los pasos de la “obra” del Kérenski chileno.

martes, 22 de noviembre de 2011

Libertades amenazadas, por Mario Montes.




Libertades amenazadas,
por Mario Montes.



Que los régimen fuertes o la dictaduras limiten las libertades es algo consustancial a los Gobiernos de facto que deben luchar permanentemente con la falta de legitimidad institucional que tienen por su manera de llegar al Gobierno, la que formalmente no ha sido ratificada por los ritos democráticos destinados a elegir a las Autoridades.



La libertad de emprendimiento, la autonomía de los  desplazamientos y la libre información son pilares fundamentales del sistema libertario que queremos para nuestro país, pues la falta de esas tres autonomías de las personas inhibe todas las garantías Constitucionales que los pueblos han conseguido tras dificultosas luchas.



Hoy nos encontramos con un proyecto de Ley que quiere borra de nuestra historia el periodo de Gobierno Militar, dejando solamente la posibilidad de repetir, como loros, una verdad oficial que es el resultado del falseamiento brutal de los sucesos ocurridos desde mediados de los años sesenta del siglo pasado a la fecha.



Pero, a este proyecto liberticida debemos agregar el accionar anti democrático de las “barras bravas”, de los mismos sectores que presentaron el aberrante proyecto comentado, que quieren impedir, por la fuerza, el insulto y la descalificación, que quienes piensan o tienen una visión diferente a la de ellos puedan expresar sus opiniones.



Estas barras bravas, conformadas por los sectores más ultra de la izquierda, utilizan las “funas” para provocar la parálisis de quienes tienen opiniones deferentes a las de ellos, utilizando la mecánica de los Tribunales populares para estigmatizar y destruir todas las posibilidades de que emerja la verdad que tan cuidadosamente han ocultado.



No les importa fusilar mediáticamente a sus adversarios, lo que importa es destruir su capacidad de reacción, ni tampoco les interesa que sea verdadera o falsa la acusación que ellos hacen, solamente les importa silenciar a sus contradictores, sin que den importancia alguna a los daños que provocan a quienes son víctimas de su extremismo vergonzoso.



Como corolario a estas meditaciones no podemos dejar de mencionar lo peligrosa que es la “tiranía” de las minorías, que en base al griterío callejero, el amedrentamiento y el insulto pretenden esterilizar la acción de quienes les contradicen y por medio de la amenaza quieren imponer aquello de lo que no son capaces de convencer a la ciudadanía.


lunes, 21 de noviembre de 2011

Si dices la verdad, vas preso, por Gustavo Azócar Alcalá.

Gustavo Azócar Alcalá  periodista y 
profesor universitario venezolano.


Si dices la verdad, vas preso,
por Gustavo Azócar Alcalá (*).





Así funciona la Justicia en el Gobierno de Hugo Chávez: los que denuncian van a la cárcel, y los denunciados son premiados con cargos en el Gobierno



En Venezuela, si dices la verdad vas preso. Si denuncias la corrupción de un gobernante afecto al oficialismo, vas preso. Si osas desafiar a uno de los oficiales que participaron en el golpe de Estado del 4 de Febrero de 1992 y lo denuncias por corrupto, lo más seguro es que vayas preso.



Eso fue exactamente lo que me ocurrió, primero en marzo de 2006 y luego en julio de 2009. Como periodista y corresponsal de medios nacionales, investigué y denuncié presuntos hechos de corrupción cometidos por Ronald Blanco La Cruz, ex gobernador del Estado Táchira y ex compañero de armas de Hugo Chávez y de María Iris Varela Rangel, ex parlamentaria y actual ministra de Asuntos Penitenciarios.



Tanto Blanco La Cruz como Varela anunciaron que me llevarían a la cárcel. Y lo cumplieron.



El 6 de marzo de 2006 fui detenido por policías al servicio de Blanco La Cruz y luego internado 15 días en el centro Penitenciario de Occidente, una de las cárceles más peligrosas del país. Luego, el 29 de julio de 2009 fui detenido por segunda vez y recluido en la misma prisión hasta el 26 de marzo de 2010. Me inventaron un delito común (como se lo inventaron a Patricia Poleo, Nelson Mezerhane, Guillermo Zuloaga o Leocenis García) y me condenaron a 30 meses de prisión. Debo presentarme en un tribunal cada 15 días y pedir permiso para poder salir del país.



Lo extraño es que ni Blanco La Cruz ni la señora Varela nunca pudieron desmentir las publicaciones que contra ellos hice en medios nacionales y regionales. A Blanco La Cruz lo denuncié por malos manejos administrativos durante los ocho años de gestión como gobernador, con pruebas contundentes e irrefutables. Tengo en mi poder una carta original enviada por Blanco La Cruz a la juez rectora del Estado Táchira, donde le pide un cargo a una amiga suya. Eso se llama tráfico de influencias y es un delito sancionado por las leyes venezolanas.



De la señora Varela escribimos un libro, titulado Historias Negras de los Próceres Rojos, con pruebas irrefutables de hechos de corrupción cometidos por ella. Tampoco pudo rebatir ni desmentir lo que de ella se dijo. Más sin embargo, el que estuvo preso fui yo. Así funciona la justicia en el Gobierno de Hugo Chávez: los que denuncian van presos, y los denunciados son premiados con cargos en el Gobierno. A Blanco La Cruz lo nombraron embajador en Cuba y a Varela le dieron un Ministerio. A mí me dieron una condena de 30 meses, de los cuales pasé ocho meses y medio encarcelado. ¿Esto es libertad de expresión?

sábado, 19 de noviembre de 2011

Discriminados o discriminadores, por Mario Montes.



Discriminados o discriminadores,
por Mario Montes.




Al tocar algunos temas que para muchos son sensibles, y por cierto opinables, como el matrimonio entre personas del mismo sexo, contra quienes se oponen, sea por motivos morales, o de cualesquier otra especie, se descarga una pesada artillería de descalificaciones y de insultos, que nos llevan a pensar que los discriminadores son precisamente aquellos que quieren mostrarse como víctimas de la intolerancia de nuestra sociedad.



La Ley que se está tramitando en el Congreso, donde hemos visto muestras claras del sectarismo de quienes se auto califican de “progresistas”, nos parece de una inutilidad impresionante, pues, al parecer algunos de nuestros Parlamentarios o parte importante de nuestra dirigencia creen que por decreto se puede cambiar la forma de ver, pensar o de percibir las realidades que tienen los ciudadanos comunes de nuestra tierra.




Para los que creemos en la creación, y que partimos de la base que Dios creó al género humano en dos versiones, una masculina y otra femenina, no habrá legislación alguna que nos haga cambiar la forma en que miramos a la homosexualidad, así como también será muy difícil que por decreto nos pretendan hacer aceptar como normal algo que sentimos como una anormalidad animalesca de la especie humana o como una perversión aberrante que degrada a la especie.



Nos parece contra natura que un hombre sostenga que se ha enamorado de un ser del mismo género, igual extrañeza nos provoca cuando una mujer pretende saciar sus apetitos sexuales con una persona que tiene los mismos atributos que ella, pero sin tener el equipamiento del que la naturaleza ha dotado a los distintos sexos para que puedan satisfacerse mutuamente y dentro de las posibilidades que formen familia por la vía de la gestación de una nueva vida como resultado de esa unión.



Aunque tengamos muchas cualidades semejantes a los animales, sean estos domésticos o feroces, pensamos que la esencia divina que pensamos tiene el “hombre”, usando la expresión como un genérico que se refiere al macho y a la fémina, sumada a la capacidad de raciocinio de que estamos dotados, nos separa irremisiblemente de los “hermanos menores”, forma cariñosa con que San Francisco de Asís se refería a los seres inferiores del reino animal que no tienen la capacidad de analizar su situación.



Aunque respetamos a los que tienen una opinión diversa a la nuestra, o una forma de vida distinta a la forma en que la concebimos, ni les vamos a insultar, ni a agredir y tampoco a promover que la sociedad les haga el vacio o les intente volver al “closet”, lo que no implica tampoco que estemos dispuestos a que mayorías circunstanciales nos pretendan imponer una forma de vida o de pensamiento que no se aviene con nuestros sentimientos ni nuestra manera de ver la vida.



Todos hablan de los derechos de las minorías, sean estas sexuales o de cualesquier tipo, pero cautelosamente se abstienen de mencionar los derechos de las mayorías silenciosas, los que permanentemente están siendo abrogados por el griterío de unos pocos que meten mucho ruido ante una sociedad que está siendo presionada y se encuentra inerte ante el ataque concertado de estos bulliciosos grupos en asociación con un “progresismo” francamente totalitario.



Vivimos y dejamos vivir, pues tenemos el convencimiento que nuestras libertades tienen como límite las de los demás, pero, dicho esto, tampoco consideramos aceptable que por tener una visión diferente de la vida, sea por motivos religiosos o filosóficos, la discriminación nos sea aplicada a nosotros con la descalificación de ser retrógrados, tener pensamientos pasados de moda ó simplemente que con el apoyo de una Ley, de dudosa inteligencia en su estudio y concreción, se nos pretenda silenciar.

viernes, 18 de noviembre de 2011

Memorias de monseñor, por Roberto Ampuero.



Memorias de monseñor,
por Roberto Ampuero.





No abunda en Chile la escritura de memorias. Tampoco la lectura de ellas. A diferencia de lo que ocurre en Alemania o Estados Unidos, pocos se animan aquí a publicar el relato de su existencia y pocos se interesan en leer narraciones semejantes. El vértigo de la modernidad y la presión de las redes sociales nos obligan cada vez más a concentrarnos en un presente que exige respuestas inmediatas y se insinúa como única experiencia disponible. Así como nuestras frases se simplifican para conquistar audiencias o calzar en pantallas electrónicas, así se esquematiza la reflexión sobre el pasado. El pasado ya no cuenta. Todo comienza ahora. Escribimos la primera página de un primer tomo. Somos Cristóbal Colón: la historia comienza con nuestro arribo. Y si se mira hacia atrás es para justificar convicciones actuales, no para indagar, dudar, cuestionar o aprender. Eludimos la historia, pues nos recuerda cuán difícil es manejar la tensión entre tradición y renovación, entre continuidad y ruptura. Eludiendo la mirada retrospectiva, uno es infalible: puede afirmar que siempre ha pensado tal como piensa, que no cambió ni rectificó con los años, que la razón le asiste desde la cuna.



Traigo esto a colación tras leer "Un obispo en tiempos de cambio", magnífico libro en que los académicos de la Universidad Finis Terrae Álvaro Góngora y Marcela Aguilar conversan con monseñor Bernardino Piñera, quien, con 96 años, ha sido testigo privilegiado de la historia. El ex presidente de la Conferencia Episcopal, reconocido por su labor pastoral en sectores populares, vive hoy en el hogar de acogida de las Hermanitas de los Pobres, de calle San Pablo, en Santiago. Varios aspectos destacan en el libro. De partida: la modestia con que el religioso examina el devenir histórico en momentos en que muchos se pasean portando bajo el brazo pócimas para todos los males del planeta. También es notable su idea de que, como Chile ya no es fundamentalmente católico, la Iglesia debería "hacer un gran esfuerzo de renovación de sus planteamientos, de su lenguaje, para ser oída y respetada en el mundo de hoy". El religioso estima que tal vez no es del todo negativo que la Iglesia Católica tenga hoy menos relevancia: "Quizás, la Iglesia tenía una influencia que no era la que le correspondía, a lo mejor hay que evitar que la Iglesia influencie en los que no son de la Iglesia porque le toman antipatía".



Nacido y criado en París, a monseñor lo impactó negativamente la inequidad social que halló al arribar a Chile como adolescente. Esa experiencia y el mensaje social del sacerdote Manuel Larraín, del Papa Juan XXIII y Alberto Hurtado lo convirtieron en pastor orientado a la comunidad eclesial de base. Su formación como médico y luego como seminarista le permitieron, además, abordar la relación entre ciencia y fe, examinar el desconocimiento mutuo entre el mundo católico y agnóstico, y promover la tolerancia y comprensión entre ambos. Piñera estima que aún laten demasiados prejuicios mutuos para instalar una colaboración intensa en beneficio del país, y recuerda que tanto la teología de la liberación como la defensa de los derechos humanos bajo el régimen militar contribuyeron a que la Iglesia, que debe ser capaz siempre de mediar, y los partidos de izquierda se encontrasen en el ámbito obrero, campesino y popular. La fuerza del libro radica en que no es una historia oficial, sino una versión fresca y personal del Chile de las últimas nueve décadas, una que emana de haber experimentado en carne propia etapas cruciales desde una perspectiva única. La conversación profunda, donde no siempre campean certezas, está salpicada de humor e inéditas observaciones sobre líderes políticos, entre ellos Eduardo Frei padre, Salvador Allende y Augusto Pinochet, así como de los mandatarios post 1990. Es un gran testimonio para mejor comprender el Chile en estos tiempos de cambio.