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viernes, 5 de agosto de 2011

¿Y cuándo empezamos a hablar de educación?


¿Y cuándo empezamos a hablar de educación?,

por Sergio Melnick.





Llevamos varios meses con un conflicto en educación y aún no entramos al tema. En el campo del desarrollo, la vida y los negocios, hay una especie de ley que es clave para el éxito. Esta es simple pero no trivial: primero uno dice dónde quiere ir, y luego diseña una estrategia para lograrlo. En Chile somos justo al revés. Siempre decimos «organicémonos para saber dónde queremos ir», y ahí está el germen de la mediocridad, ya que la organización creada empezará a defenderse a sí misma como el objetivo propiamente tal. Es lo que pasa con varias de nuestras universidades públicas. No están orientadas a resultados, sino a su existencia en sí. Igual pasa con el gremio de profesores o con otras entidades públicas y privadas.





Lo que hacemos entonces es colocar la carreta delante del buey. La izquierda lucha contra el lucro más que a favor del fin educativo. Cree que, si la educación es pública, es intrínsecamente mejor a si es privada, como por arte de magia. Es decir, lucha contra la propiedad privada más que a favor de objetivos educacionales. Por eso terminan armando cosas como el Transantiago.





Cuando definamos nuestros objetivos educacionales, la estrategia señalará la mejor manera de lograrlos. Si es con entidades públicas, bienvenidas sean. O también al contrario. O quizás mixtas. El gran problema del Estado como administrador es que pasa a ser juez y parte. Entonces no hay control que funcione. Por eso Enap pudo perder mil millones de dólares y no pasó nada. La Polar ha perdido lo mismo, y todos vemos lo que ha pasado porque hay contraparte.





Revisando las nuevas propuestas “transversales” de educación, constatamos lo ya expuesto. Los acuerdos pasan por más financiamiento para las universidades estatales, financiamiento estudiantil, nueva acreditación, desmunicipalización, mejores remuneraciones a los profesores, más regulación a los subvencionados, más financiamiento a los técnico-profesionales, democratización estudiantil y pase escolar por más días. Nada, ¡pero nada! sobre el desafío educacional del siglo 21, el verdadero eje del problema. ¡Hasta se habla de garantizar con la Constitución la calidad de la educación! Una gran falacia.





Para mí hay al menos nueve grandes desafíos que debemos encarar de manera urgente. Primero, en la sociedad del conocimiento, necesitamos doblar la cantidad de alumnos en educación post-secundaria. Eso significa nuevas universidades, quizás unas 10 más, y centros tecnológicos y técnicos, unos 20 más. ¿Cómo? Segundo, es absurdo especializar a los niños a los 17 años, forzándolos a elegir carreras profesionales. El primer grado universitario debe ser académico y de 4 años, y la especialización en maestrías, de uno o dos años en promedio. ¿Cómo? Tercero, debemos dar un salto cuántico en capacidad de investigación propia. ¿Cómo? Cuarto, debemos cambiar el sistema de acceso a las universidades, hoy un monopolio socialmente regresivo, que castra la capacidad educativa de la Enseñanza Media ¿Cómo? Quinto, debemos tener un sistema que permita acoger a los estudiantes de 500 puntos, que es donde está el cambio social que buscamos. ¿Cómo? Sexto, estamos en una sociedad donde el conocimiento se duplica cada 4 ó 5 años. El desafío es ahora la gestión del conocimiento y el nuevo metalenguaje post-simbólico. ¿O vamos a seguir enseñándoles a los niños a memorizar la tabla periódica de elementos? Para ello debemos reciclar el 80% de nuestros profesores. ¿Cómo? Séptimo, en la sociedad moderna los colegios y universidades son sólo una parte de la capacidad de educación. En el siglo 21 se construye una nueva mente tecnológica colectiva que tiene mayor capacidad educativa que todas nuestras instituciones. ¿Cómo la vamos a utilizar? Octavo, los sistemas educativos son cerrados en sus propias instituciones y debemos abrirlos a la colaboración entre ellos y con el mundo. ¿Cómo? Noveno, una gran cantidad de padres son abiertamente irresponsables y delegan toda la responsabilidad educativa a los colegios. ¿Cómo cambiamos eso?



En el siglo 21 cambian las categorías de educación, entrenamiento y capacitación. En Chile seguimos con escuelas hijas de la imprenta, y enorme cantidad de profesores que son el principal obstáculo al cambio. ¿Cómo cambiamos eso? Es interesante que el proyecto Chile 2020 sea el único que habla realmente de educación y el menos escuchado. Entonces, seguimos tratando de arreglar el tema de la educación sin hablar de ésta, y nos vamos a llenar de más entidades burocráticas estatales que no saben qué controlar, y que deberán inventar su razón de ser y de gastar.


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