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jueves, 4 de septiembre de 2008

Hace 38 años.


Hace 38 años.
Hace 38 años, con una levísima ventaja, ganó las elecciones Presidenciales el Dr. Salvador Allende Gossens, en brazos de una coalición de izquierda, triunfo posteriormente “ratificado” por el Congreso tras la firma de un convenio de respeto a la Constitución signado con la democracia cristiana.

Demás esta decir que su triunfo fue el resultado de la explotación de las necesidades populares y el aprovechamiento de las inquietudes sociales que se extendían por el mundo. Allende llegó al poder encarnando los sueños del pueblo y en andas de sus promesas de un futuro mejor.

El resultado es por todos conocido, las esperanzas fueron frustradas por las ambiciones de poder totalitario, las organizaciones sociales arrasadas, la economía desvastada, la institucionalidad sobrepasada, la Ley convertida en un mero adorno, el hambre utilizado como inhumano factor de dominación.

El país era conducido, sin lugar a dudas, a la dictadura de proletariado y a un enfrentamiento civil con el que aspiraban a deshacerse de quienes opinaren distinto, de aquellos que tuvieran la osadía de oponérseles o de esos que estuvieran contaminados con el sistema burgués existente.

La situación se polarizó a tales extremos que los chilenos se odiaban y desconfiaban los unos de los otros. La aparición de grupos armados, de todos los signos, no aseguraba que volviéramos a nuestras casas vivos. La familia fue disgregada, los gremios protestaban enérgicamente por la situación.

Las mujeres, nuestras valientes, trabajadoras y nobles compañeras, al no tener que dar de comer a sus hijos comenzaron acciones de resistencia civil pacifica, con inmensas protestas de “ollas vacías”, por las que fueron brutalmente agredidas por bandas armadas del oficialismo.

El fantasma de la tiranía recorría el país, pero no se visualizaban soluciones, los políticos estaban entrampados entre sus ambiciones y sus temores, el país veía como se deterioraba la convivencia social, las condiciones de vida y se terminaban las expectativas de un futuro mejor.

El Gobierno de Allende fue un espejismo que no tardó en transformarse en la completa desilusión de un país que no tenía futuro, que había sido burdamente engañado, el desaliento se hacía patente en todas las esferas sociales, el temor crecía vertiginosamente.

Allende dejó al país dos legados, la nacionalización del cobre, aprobada por casi todo el Congreso, y una Dictadura Militar que tardó 17 años en restaurar las heridas dejadas en la sociedad, en reconstruir la economía, recuperar los valores patrios y en diseñar el sistema institucional que nos rige.