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jueves, 17 de julio de 2008

Reflexiones sobre nuestra realidad.

La Constitución: Nuestra arma y nuestra defensa
Reflexiones sobre nuestra realidad.

Nos hemos ido acostumbrando a situaciones “insólitas” que el tiempo y su repetición les van dando un manto de normalidad y de legitimidad. Así, ya no nos extraña mucho la corruptela, ni los escándalos de la farandulera visión televisiva, o que el Canal Católico transmita cualesquier porquería en aras del rating, o que la Presidente, atea confesa, se atreva a aparecer en actos litúrgicos.

Los atracos a las personas, los asaltos a domicilios o comercios, los ataques pandilleros, las faltas de respeto de la autoridad al pueblo, la inmoralidad reinante, la rapiña, las inversiones absurdas de nuestro Gobierno, la miseria a la que tienen sometido a gran parte de los chilenos, las injusticias legalizadas por la inmoralidad de algunos jueces, la puerta giratoria para la delincuencia, ya simplemente no nos sorprenden.

No hemos podido dilucidar si la “cotidianeidad” de los sucesos nos han hecho perder el sentido de las realidades o si la destrucción premeditada de los valores de nuestra sociedad nos han dejado inermes ante las monstruosidades que estamos viviendo y observando permanentemente sin que lleguen a hacernos reaccionar contra este insoportable estado de cosas.

Hay “reservas morales” en el país que no están cumpliendo con su cometido de garantizar la subsistencia de nuestra Patria, como las Iglesias, que han callado vergonzosamente ante injusticias deleznables, o los Partidos Políticos que han permitido la desvalorización de su actividad, o los cuerpos Uniformados que se han avenido a una burda falsificación histórica.

Se ha hecho “común” aseverar que las instituciones funcionan, lo que sin duda es cierto, pero tampoco puede caber vacilación alguna para aseverar que lo hacen de muy mala manera y que el trabajo que les ha encomendado la comunidad nacional, lo hacen mal o sencillamente abdican de manera criminal de las obligaciones que han asumido junto con los cargos que han aceptado.

Las Autoridades, de cualquiera de los Poderes del Estado, han dejado de lado el bien común para dedicarse a satisfacer sus pequeñas ambiciones, sean estas de poder o en algunos casos de bienestar económico personal, olvidando, quizás voluntariamente, que son excelentemente remunerados por sus “patrones”, los ciudadanos, para realizar los programas que prometieron.

Se sienten semi-dioses, no aceptan opiniones divergentes y cuando estas se producen, reaccionan utilizando todo el peso publicitario del Estado para denostar al adversario, ridiculizarlo o simplemente asesinar su imagen pública, cuándo no, reprimirles de manera brutal. Les falta, como a los Emperadores Romanos, alguien que les recuerde cada cierto tiempo su condición de meros seres humanos, iguales a todos los demás.

Si no queremos despertar cualesquier día con nuestras libertades totalmente pérdidas y nuestros derechos “confiscados” por las clases Gobernantes, tenemos la obligación de ponernos de pie y luchar, con las herramientas que nos da la Ley y la Constitución para evitar la entronización de poderes amorales. El momento de reaccionar es ahora, mañana puede ser tarde.