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jueves, 24 de julio de 2008

Con la fuerza del voto, botemos a la partidocracia.


Las inconsecuencias políticas dan como resultado la incredibilidad pública, la falta de interés en el sistema democrático, baja participación ciudadana, alejamiento de los mejores, lo que a la larga, como sucede en casi todo el continente, institucionaliza una perversión del sistema, la partido-cracia, es decir los partidos reemplazan las decisiones del pueblo soberano por sus propias determinaciones.

Sin duda esta desviación tiene como resultado, además, que el gran ganador de los procesos electorales no es el que saca más votos, sino que el verdadero ganador es el ausentismo electoral, es decir la abstención, sumado a aquellos que no marcan preferencia y con el agregado, fatal, de una enorme cantidad de jóvenes que se niegan a inscribirse en los registros electorales.

Traduciendo al “chileno” lo que decimos en los párrafos anteriores, aquellos que se autoerigen el representantes del pueblo son unos fantoches, pues mayoritariamente los electores no han querido votar por ellos, sea porque no les tienen confianza o porque están cansados de ser engañados de manera permanente ó que se encuentran aburridos de ver durante décadas las mismas caras.

La política debe hacer un esfuerzo por re-encantar a nuestros conciudadanos, para lo que, según nuestra visión, es imprescindible mejorar la calidad de los participantes en los asuntos públicos, establecer duras sanciones para quienes practiquen el “cohecho” electoral con promesas que quedan en el olvido, hacer sentir a nuestros con-nacionales que sus opiniones y decisiones tienen valor.

Por el paso en que vamos, tratando de doblarle la nariz a la Ley con subterfugios que permitan llevar a semi-analfabetos a los cargos de elección popular, claramente, transitamos por el camino contrario y en sociedades, como la actual, en que las señales importan, puede ser la diferencia que termine por alejar del Servicio Público a los pocos buenos elementos que participan en el sistema.

Creemos que nuestros políticos, desde La Moneda para abajo, de todos los colores, están jugando una partida peligrosa que puede terminar por desatar las frustraciones de las masas que sienten que no son representadas ni escuchadas, derivando en situaciones imprevisibles, que, junto con arrasar el sistema, terminen exterminando a una casta que sienten como enemiga.

La Revolución Francesa, con la brutalidad sanguinaria en que terminó, nos da un ejemplo de lo que puede llegar a ser una explosión de insatisfacciones y de gente que es “excluida” de las posibilidades de hacer valer sus derechos o de que su voz sea escuchada por quienes se han erigido como “monarcas” a plazo fijo pretendiendo imponer sus puntos de vista.

Llamámos a todos nuestros amigos y amigas a inscribirse en los Registros Electorales, o incentivar a que lo hagan los que no lo han hecho, se cierran el sábado a las 14 horas, para que juntos demostremos a la clase política el poder de nuestro voto, en una de esas logramos “botarlos” evitando tensiones sociales innecesarias.