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lunes, 7 de noviembre de 2011

En todas partes se cuecen habas, por Hernán Felipe Errázuriz.


En todas partes se cuecen habas,

por Hernán Felipe Errázuriz.



Admirábamos el pragmatismo europeo, que supera historias milenarias de guerras horrorosas, con millones de muertes, miserias, enemistades y pérdidas territoriales. Nos deslumbraba cómo sus gobernantes vencían divergencias personales, culturales, étnicas y religiosas, y dejaban de lado las abismales diferencias de 27 países, para constituir la Unión Europea (UE).



Pero, a pesar de los desalentadores acontecimientos europeos, sigue siendo áspera la comparación de esos líderes con los mandatarios latinoamericanos, organizados en una profusión de inútiles organismos, foros y cumbres presidenciales, congregados con absurdos disfraces, vacías retóricas, promesas incumplidas, ideologizados, populistas y sin visión para abordar los intereses de pueblos con historias, religiones, lenguas y culturas comunes. Esa incapacidad de promover la integración quedó confirmada en la reciente cumbre presidencial iberoamericana destinada “al desarrollo y la modernización del Estado”, sin el acuerdo ni asistencia de la mayoría de los presidentes invitados.


La crisis del euro es también desilusionante, persiste y nos debe preocupar: Chile no está a salvo de las repercusiones de ese desastre. Europa es nuestro segundo mercado de exportación: dobla lo que nos compra Estados Unidos.



Los líderes europeos son responsables de las incertidumbres contingentes; no han estado a la altura de las circunstancias ni han remediado fallas estructurales de la UE: es inviable la unidad monetaria, el euro, con países que no disciplinan sus gastos, y no es posible una moneda única sin un poder central capaz de imponer orden fiscal. Aunque no es aceptable que los pueblos deleguen en una entidad extranjera legislar sus impuestos, caben mecanismos preventivos, resguardos y sanciones internacionales oportunas ante desequilibrios presupuestarios graves. No es razonable que Grecia, que es menos del 0,5 por ciento del PIB mundial y poco más del uno por ciento del europeo, provoque una crisis mundial por su deuda pública, insoportable desde antes de ingresar a la UE. Tampoco es responsable que los europeos propongan a Grecia un salvataje dilatorio, temeroso, irrealista e incapaz de recrear confianza y crecimiento.



A la vez, la crisis de la UE ha revivido resquemores ancestrales entre sus miembros y hasta han aparecido disputas personales de los jefes de Estado por descansar en el Fondo Monetario y dejar a Europa a la deriva, por las promesas de ajustes incumplidos, y por la legítima recurrencia al apoyo a sus parlamentos para aceptar reformas que afectarán a sus pueblos. Los 10 países de la UE que no participan del euro reclaman por su exclusión en las soluciones del colapso financiero que también los golpea; se critica a los organismos comunitarios y se reprocha a Alemania por su intransigencia a dar mayor injerencia en la crisis al Banco Central Europeo.



Europa y América Latina merecen mejores instituciones y líderes más responsables.


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