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sábado, 2 de abril de 2011

Jaime Guzmán y Chile, por Gonzalo Rojas Sánchez.


Jaime Guzmán y Chile,

por Gonzalo Rojas Sánchez.


¿En qué puede consistir hoy mantener vivos el proyecto, las convicciones y el estilo de acción pública de Jaime Guzmán, a 20 años de su asesinato?



La respuesta es de especial importancia, porque hay notables figuras de la UDI (Lucho Cordero hace unos años, Patricio Lynch, esta semana, entre otros) que han dejado su partido invocando justamente el deterioro o la pérdida del legado guzmaniano.



El proyecto de Guzmán puede describirse como la búsqueda de un Chile humanizado. En el centro, la persona humana, dotada de espiritualidad y, por eso mismo, de trascendencia; para su imprescindible perfeccionamiento, la familia como institución natural y los cuerpos intermedios como ámbitos de despliegue de la libertad; en torno, un Estado subsidiario que procure especialmente la derrota de todas las pobrezas. Para que el sistema funcione, una democracia estable y limitada, basada en fuerzas equiparables, garante de una economía libre y de los derechos fundamentales, liderada por personas honradas y veraces.



Sus convicciones fueron fundamentalmente dos: hay que tener la piel muy dura y hay que razonar siempre. Epidermis de elefante frente al odio y la descalificación y, al mismo tiempo, cabeza sutil para convencer a todos los que dudan. Una cosa con otra. Y, por cierto, jamás acomodarse intelectual o vitalmente, para evitar los riesgos de la propia consecuencia.



¿Y su estilo? Cordial, directo, abierto, exigente, sacrificado. Un conductor de personas, una a una, convencido de que sólo mediante estrechos vínculos personales con gente buena podía llevarse adelante un proyecto de humanización del país.



A cada uno de sus seguidores nos corresponde preguntarnos por nuestra actual concordancia con ese proyecto, con esas convicciones, con ese estilo.