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viernes, 28 de mayo de 2010

21 de Mayo: cuenta nueva sin borrón, por Sergio Melnick.

21 de Mayo: cuenta nueva sin borrón,

por Sergio Melnick.

Los 21 de mayo se han ido transformado en el tiempo. Ya no son realmente una cuenta del estado de la nación, sino un rayado de cancha. Cuando estos discursos son exitosos, logran imponer la agenda política nacional. De otra manera, simplemente se desvanecen.

En este caso, Piñera fue tremendamente exitoso, ya que rayó la cancha, y fuerte. Notablemente, la oposición en general lo reconoció como un gran mensaje, con la debida excepción de los odiosillos del pasado, como Rossi y Escalona, que no ahorraron epítetos ni descalificaciones. Pero ellos son así, amargura intensa. Tanto fue el reconocimiento de la oposición al Presidente, que ahora reclama airadamente para sí los derechos intelectuales de las ideas planteadas. Hasta lo han llamado ladrón de ideas. Longueira replicó, con agudeza, que recién ahora la Concertación había descubierto que durante 20 años había gobernado con el modelo socioeconómico de la derecha. El concepto de “red social” fue de hecho acuñado en el gobierno militar. Paradójicamente, la izquierda levanta ahora el tema del financiamiento, que ha sido la racionalidad propia de la derecha por décadas, lo cual revela que han aprendido a través de los años, como lo ha hecho la derecha también en otros temas. Gran mérito de Lagos-Eyzaguirre fue la regla de superávit estructural. Dicho lo anterior, no hay que olvidar que el último gran distorsionador de los equilibrios fiscales fue la dupla Bachelet-Velasco, los más grandes gastadores de los últimos 20 años y quienes generaron menor producto en estas décadas. ¡Hasta se comieron unos U$ 10.000 millones de los recursos del cobre!

Piñera literalmente le habló de frente a la historia, con grandeza. Miró al pasado que une, reconoció a sus antecesores, habló de valores y proyectó al futuro. Propone un rumbo inclusivo en que todos cabemos y que se construye entre todos. Cuando habla de una meta al 2020, plantea una propuesta de Estado, al que el gobierno de turno debe servir como administrador ejecutivo. Ese camino tiene la condición esencial de lograr la unidad nacional básica.

La propuesta, entonces, es construir la sociedad de las oportunidades, como la verdadera definición del progreso real y concreto, basada en la libertad e incluyendo la espiritualidad. No hay nada más humanamente digno, que poder ser autovalente y no depender de un Estado benefactor. No hay nada más gratificante que poder emprender por sí mismo y crear futuro. Por cierto, el Estado debe estar ahí para quienes no lo pueden lograr, pero para volverlos a empujar, no para adormecerlos en la apatía. Ya hemos visto el colapso de varios países europeos que han seguido esas prácticas. El Estado benefactor es siempre pan para hoy, hambre para mañana. Yo creo que las personas prefieren las oportunidades a los subsidios.

Los derechos sólo tienen sentido cuando van acompañados de responsabilidades. Ahí se volvió a equivocar Bachelet, que sólo habló de derechos. De esa manera aumentó tremendamente el gasto público, y además, en demasiados casos, lo gastó muy mal. Ahora, como dijo Piñera, es necesario recuperar el tiempo perdido.

En lo práctico, la nueva manera de gobernar que se propone está basada en la “accountability”. Es decir, fijando metas y plazos concretos que permitan la evaluación pública. Incluso se plantea crear una agencia que haga tal evaluación de manera abierta. No se trata sólo de aumentar el gasto en salud; se trata de mejorar enfermos. No se trata de aumentar el gasto en educación, sino de que aprendan a leer y puedan trabajar. No se trata de aumentar el gasto en seguridad, sino de poder salir a la calle tranquilo. Por otro lado, las responsabilidades personales no pueden transferirse al Estado. Si la familia no puede traspasar sus opciones valóricas a sus propios hijos, no le puede exigir al Estado que lo haga. Ese es el concepto liberal profundo.

Si Piñera es exitoso, todos sin excepción lo seremos: más crecimiento y empleo, sin pobreza extrema; nuevas formas de unidad nacional y confianzas; más seguridad pública y educación de calidad; mejor gestión en salud, más ciencia y tecnología, aparato estatal más eficiente; más descentralización, más deporte, y hasta una reforma a la justicia civil están entre sus metas. Sin odiosidad, sin exclusión, y con total liberalismo en las opciones personales. La clave para esta hazaña histórica es la capacidad de gestión y los acuerdos de Estado, las grandes fallas de la Concertación para ideas similares. La cancha quedó rayada, ahora a transitar por ella.