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sábado, 31 de diciembre de 2011

Havel y nosotros, por Gonzalo Rojas Sánchez.



Havel y nosotros, 
por Gonzalo Rojas Sánchez.



Intolerancia, violencia, descalificación: tres conceptos que varias personalidades han usado en sus balances referidos al Chile que vivió peligrosamente el 2011. Paralelamente, cientos de miles de checos agradecían a Václav Havel todos los esfuerzos que hizo, todos los logros que obtuvo en favor de su amada patria.



¿Cuál fue la clave vital de este dramaturgo-Presidente? ¿Le sirve a un Chile en que nos acostumbramos a demonizar estructuras, a castigar procesos y, en el peor de los casos, a descalificar a los demás, exculpándonos fácilmente a nosotros mismos de toda responsabilidad?



La clave de Havel fue su autoexigencia declarada y no sólo implícita: "Al igual que en cualquier otra situación, debo empezar conmigo mismo; esto es: en toda circunstancia, esforzarme por ser una persona decente, justa, tolerante y comprensiva, al mismo tiempo que intento resistirme a la corrupción y al engaño; en otras palabras: debo esforzarme al máximo por actuar en armonía con mi conciencia y con lo mejor de mí mismo". Y lo escribía siendo ya Presidente.



Desde esa premisa, pueden desprenderse actitudes concretas, que se transformen en compromisos para 2012. Ante todo, nosotros, los profesores. Muchos, desanimados o cansados; otros, temerosos ante la agitación continua; los más, quizás apáticos, desinteresados. Para nosotros, este planteamiento de Havel: "Sigo creyendo que tiene sentido luchar con perseverancia; la batalla se ha estado librando durante siglos y continuará -esto lo esperamos- durante los siglos venideros; hay que hacerlo por principio, porque es lo correcto (...); la lucha sucede en el interior de todos; es lo que hace que una persona sea persona, y la vida, vida". Educar, cueste lo que cueste.



Y de la mano de la tarea educativa, aparece el papel imprescindible de las familias: fomentar y proteger las vocaciones de servicio público de sus hijos, tal como Havel animaba a los jóvenes, diciéndoles que "si tu corazón está en el lugar apropiado y tienes buen gusto, no sólo serás una persona aceptable para la política: tendrás vocación para ella; si eres modesto y no tienes ansias de poder, no sólo eres apto para la política, perteneces absolutamente a ese ámbito".



Por cierto, esos jóvenes querrán comprometerse si ven a los políticos mayores como personas de servicio. En esto, Havel era rotundo: "La política genuina -la política que merece llamarse así, y la única clase de política a cuya práctica estoy dispuesto a dedicarme- es simplemente una cuestión de servir a los que nos rodean, de servir a la comunidad y de servir a los que vendrán después de nosotros".



¿Y qué pedirles a los hombres y mujeres de cultura y a los comunicadores? Nada menos que "nos preocupemos de la cultura, no sólo como una actividad humana más entre muchas, sino en el sentido más amplio de la palabra, vale decir: la 'cultura del todo', el nivel general de los modales públicos; con esto quiero decir la clase de relaciones que existen entre la gente, entre los poderosos y los débiles, los sanos y los enfermos, los jóvenes y los ancianos, los adultos y los niños, la gente de negocios y los clientes, hombres y mujeres, profesores y estudiantes, oficiales y soldados, policías y ciudadanos, y así sucesivamente". Otra cultura tendríamos...



Finalmente, para todos los emprendedores, para quienes desde la propiedad o la gestión generan riqueza, esta exigencia: "Sin la presencia de valores morales y obligaciones comúnmente compartidos y ampliamente enraizados dentro de una sociedad (...), ni siquiera la economía del mercado funcionará adecuadamente".



Todo esto no sólo es posible, sino más bien imprescindible para Chile, para un 2012 mucho mejor.

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