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martes, 6 de mayo de 2014

Chile debe mejorar su Diplomacia pública, por Karin Ebensperger Ahrens.




A pesar de que Chile tiene todos los argumentos legales e históricos a su favor, Bolivia ha explotado magistralmente las comunicaciones y el uso de argumentos “sensibleros” para convencer a muchos de su alegato.
 






Chile debe mejorar su Diplomacia pública,
por Karin Ebensperger Ahrens.


Chile ha tenido una política exterior seria a través de su historia, de respeto al derecho internacional, y un comportamiento comercial reconocido. Pero hoy en día eso no basta para una defensa eficiente de la soberanía y del interés nacional. Se requiere una estrategia político-comunicacional, porque los enormes cambios tecnológicos han hecho surgir un nuevo fenómeno en las relaciones internacionales: el concepto de opinión pública mundial, que influye fuertemente en la percepción que se tiene de un país. Chile no ha sido eficiente en eso.


Observemos el caso de Bolivia: a pesar de que Chile tiene todos los argumentos jurídicos a su favor, La Paz ha ido introduciendo en la opinión pública (prensa, ONG, algunos organismos multinacionales, personeros internacionales, etcétera) la idea de que tiene "derechos y reclamaciones legítimos", que ahora incluso llama "expectaticios". Y se presenta como un David oprimido por un Goliat: Chile.


No se conocen en igual medida los múltiples ofrecimientos de Chile, ni la negativa peruana, ni se explica que el Tratado de 1904 fue ratificado por el Congreso boliviano sin presiones más de dos décadas después de terminada la guerra de 1879, ni los pagos y concesiones que Chile hizo en esa época, ni los aportes que sigue haciendo en los puertos que Bolivia usa en Chile.


En el mundo es cada vez más gravitante el soft power. Se trata de convencer audiencias más que de imponer una política. Por eso la llamada Diplomacia pública ( public Diplomacy ) gana espacios en las Cancillerías modernas. Chile debe mejorar ese aspecto. La política exterior no solo debe hacer bien la tarea, sino que además debe saber presentarla ante la opinión pública. Una política exterior exitosa hoy es la que logra imprimir en el público una cierta percepción.


De ahí que este fenómeno debe ser incluido como prioritario en la Cancillería, porque aun el mejor trabajo de política exterior puede ser alterado si la percepción de la opinión pública mundial es desfavorable a Chile.


Bolivia, sin presencia internacional mayor -pero con una política exterior majadera, que hay que reconocer ha sido coherente en su propósito-, ha logrado unir a ese país tras una sola meta: el mar. Incluso a costa de empobrecer a su pueblo, al negarle por décadas la posibilidad de acuerdos modernos de intercambio, que habrían beneficiado a ambas naciones.


Para lograr esa percepción internacional, primero hay que tener una coherencia interna en Chile: contactar a personas claves, líderes de opinión en sus respectivas áreas, para que conozcan la memoria histórica de la Cancillería. Se trata de crear conciencia sobre los intereses permanentes del país y su percepción externa con parlamentarios, periodistas, académicos, profesores, exportadores, entre otros; explicarles la necesidad de esa política de Estado y realmente creer en ella. Hay que convencer a las respectivas audiencias. Por ejemplo, los empresarios que exportan podrían ser parte activa en esta percepción. Todas las personas que estén en los cargos estratégicos deberían ser informadas de las políticas permanentes del país. Es más: en cada Ministerio debería haber alguien en contacto constante con la Cancillería, como parte de un trabajo sistémico, que involucra a todos.


Recordemos: en cada caja de manzanas o de vinos exportada, en cada tonelada de cobre que sale al exterior, se refleja todo el "sistema Chile": la calidad de sus trabajadores, empresarios, carreteras, policías, puertos, etcétera. Y sobre todo se refleja la seguridad política con que Chile se desenvuelve en el mundo, de ahí la importancia transversal de la Cancillería.


La mejor política exterior es la que logra apoyar el interés nacional en el mundo. Hoy implica imprimir en las audiencias, en la llamada opinión pública mundial, una cierta percepción favorable al país. Sobre todo en los asuntos limítrofes que se exponen ante Tribunales internacionales. Esa percepción pesa mucho, además de los tratados firmados y los acuerdos comerciales. La soberanía nacional depende cada vez más de una Diplomacia pública eficiente.


martes, 22 de abril de 2014

Chile vs. Bolivia: Nuevo contexto Jurídico para Perú.










Chile vs. Bolivia: Nuevo contexto Jurídico para Perú,
por J. Eduardo Ponce Vivanco (*)


 "La Corte no puede vulnerar dos principios capitales: respeto a los tratados y estabilidad de las fronteras, ni obligar a Chile a negociar una pretensión territorial y marítima no especificada, pero que comporta necesariamente la revisión del tratado limítrofe de 1904..."


La "patriótica" ocurrencia del Congresista que propuso bautizar nuestros aires con el nombre del héroe (José) Quiñones se aprobó el mismo día del gesto teatral de Evo Morales en la Corte de La Haya, donde ningún Jefe de Estado había intentado presionar a los Magistrados entregándoles personalmente una Memoria. Diferentes, aunque curiosamente simultáneos, son dos actos que ignoran los "efectos no deseados" que pueden producir en perjuicio de las causas aparentemente "nacionalistas" que los inspiran.


El núcleo conceptual de la demanda boliviana contra Chile es Jurídicamente tan insostenible, que solo se explica por motivos político-electorales. La Corte no puede vulnerar dos principios capitales: respeto a los tratados y estabilidad de las fronteras, ni obligar a Chile a negociar una pretensión territorial y marítima no especificada, pero que comporta necesariamente la revisión del tratado limítrofe de 1904.


Si la salida soberana de Bolivia se diera por Arica, alteraría, además, los límites peruano-chilenos consagrados en el Tratado de 1929, así como los límites marítimos establecidos en la sentencia de la CIJ, cuyas coordenadas Perú y Chile acaban de cartografiar de común acuerdo. La Memoria boliviana evidenciará el propósito de forzar la cesión de un corredor soberano entre Arica y Tacna, que pondría fin a su vecindad y arruinaría la profunda integración económica y social que beneficia diariamente a tacneños y ariqueños.


Cerrada la frontera terrestre y marítima con Chile, nuestro interés nacional prohíbe posiciones imprudentes que admitan a priori la posibilidad de consentir una cesión de territorios que fueron peruanos antes de la Guerra del Pacífico. Si Chile quisiera dar a Bolivia una salida soberana al mar, podrá hacerlo por territorios que fueron bolivianos o cualesquier otros. Pero no por Arica. La vital interdependencia entre ariqueños y tacneños exigiría que antes de decidir, sus Gobiernos les consulten democráticamente si aceptarían una interposición boliviana que termine con su próspera vecindad.


Lamentablemente, mientras el litigio Bolivia-Chile en La Haya instaura un nuevo contexto Jurídico para el Perú, nuestro Congreso no asume seriamente sus responsabilidades en la problemática vecinal. Lo demuestra la Ley que aprueba por unanimidad el "Cielo de Quiñones", ignorando las suspicacias que suscita en Chile el artículo 54 de la Constitución, cuyo párrafo final dice: "El Estado ejerce soberanía y Jurisdicción sobre el espacio aéreo que cubre su territorio y el mar adyacente hasta el límite de las doscientas millas". Son ligerezas que pueden entorpecer el proceso de ejecución de la sentencia de La Haya, que es imperativo finiquitar. Terminemos de reajustar normas internas, como la Ley de Bases del Dominio Marítimo, cuyo Punto 266 no coincide con las coordenadas que han sido bilateralmente determinadas en cumplimiento de la sentencia y registradas en Naciones Unidas.


En lugar de apoyar iniciativas pintorescas, el Congreso debería apurar la postergada adhesión del Perú a la CONVEMAR, de la que son partes Chile y Ecuador. Así lo reclama el interés nacional, que guía nuestra política exterior. Eso sería lo verdaderamente patriótico.


(*) J. Eduardo Ponce Vivanco, Ex Vicecanciller, ex Embajador y ex Secretario General de Relaciones Exteriores de Perú.

Columna publicada en el diario El Correo