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en turno,
por Alfredo Yáñez M.
Los golpes de pecho y las lamentaciones no
conducen a nada si no se acompañan de acciones concretas, desde el punto de
vista de lo conceptual y de la coherencia del discurso. Las clases de
moralidad, dictadas con la comodidad de una vista privilegiada desde la
talanquera a la sombra; no sirven de mucho, porque nadie conoce la gotera sino
quien vive dentro de la casa.
Los hechos están consumados, y afectan
-positiva o negativamente- a un grupo, a una parcialidad, a un país.
Corresponde -solo- dejar correr hasta que la sensatez lo permita, y como
siempre, actuar en consecuencia; porque apresurarse puede significar un error;
lo mismo que intentar, sin tino, pasar agachado, en medio de una dinámica
conocida; y por tanto convertida en advertencia.
Guerra avisada no mata a soldado, dice el
refranero popular; como también señala que nadie aprende en cabeza ajena. Los
lutos deben vivirse; es la ley de la vida; como así como las oportunidades de
mejora que el devenir de los días propone.
Por años se ha advertido que los venezolanos,
mientras se desarrolla el parapeto de la involución socialista, avanzan -si es
que cabe el término- con un número en la espalda, prestos para ser llamados a
su turno. Así se vive y se sobrevive. Cada cual lo experimenta, lo sufre, lo
padece o intenta esquivarlo.
El cerco se cierra y cada vez la cápsula es más
pequeña. De poco valen entonces -se reitera- los golpes de pecho y las
lamentaciones; porque nada de esto sería real; si cuando se mostraron las
primeras intenciones de debacle; el país más allá de escurrir el bulto pensando
que nunca llegaría el día; hubiese actuado según sus convicciones democráticas;
y no sobre los apegos a la moda; aún creciente, del oportunismo.
Tomado de Diario El Universal de Caracas.
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